TRAGEDIA Y HOLOCAUSTO EN LOS PAISES BAJOS

TRAGEDIA Y HOLOCAUSTO EN LOS PAISES BAJOS

TRAGEDIA Y HOLOCAUSTO EN HOLANDA

En apenas cinco años (1940-1945), los nazis deportaron a casi toda la población judía de los Países Bajos hacia los campos de exterminio. Solamente 38.000 judíos de los 140.000 que vivían en este país sobrevivieron a una de las matanzas más “efectivas” perpetradas por los nazis y sus verdugos voluntarios, muchos de ellos, todo hay que decirlo, holandeses. Los mismos que delataron a Ana Frank, ¡qué tristeza!

por Ricardo Angoso

Primero fue la tragedia, es decir, la ocupación de Holanda por parte de la Alemania nazi. El 10 de mayo de 1940, sin previo aviso y cumpliéndose las peores amenazas, Holanda sufrió un brutal y despiadado bombardeo por parte de la aviación alemana. Los bombarderos de la Luftwaffe habían dejado caer sus cargas letales sobre la ciudad portuaria de Róterdam, causando la muerte de casi  1.000 civiles y destruyendo decenas de miles de hogares. La guerra había comenzado, ¡bienvenidos al infierno!

Como recuerdan las páginas oficiales de la Casa Museo de Ana Frank otras ciudades también fueron bombardeadas en aquellos días aciagos: “Los aviones lanzan bombas a los aeródromos militares y cuarteles alrededor de La Haya. Luego descienden los paracaidistas y los aviones alemanes desembarcan a los soldados que esperan una rápida victoria, tomando como rehenes al gobierno y a la reina Guillermina. Este operativo falla debido a la feroz resistencia de los militares holandeses y a los graves errores del lado alemán”.

Tras apenas cinco días de tenue resistencia, ya que los holandeses estaban pendientes del curso de la guerra pero no esperaban tan pronto el ataque, los Países Bajos se rinden, finalmente, el 15 de mayo, sobre todo debido a que se estaban agotando las municiones y las reservas alimenticias. El país, como antes le había ocurrido a Polonia, ha colapsado ante la imbatible maquinaría alemana; se ha visto simplemente desbordado por una fuerza bruta a la que no podía hacer frente. Además, en un nación sin una gran tradición militar y casi siempre neutral en los grandes conflictos europeos,  Holanda contaba con un armamento anticuado y obsoleto para hacer frente a los tropas alemanas bien pertrechadas y equipadas. El gobierno y la reina Guillermina, en vista de la adversa situación y la impotencia por no poder hacer nada, marcharon a Londres a un exilio que duraría cinco años. Desde allí, la reina se dirigiría desde los micrófonos de la BBC a sus ciudadanos para infundirles animo y capacidad de resistencia.

Muy pronto, como pasaría después en otras partes ocupadas por los nazis, comenzaría la represión contra los holandeses, obligados a trabajar casi exclusivamente en la industria de la guerra, y también contra los oponentes alemanes que se habían refugiado en  los Países Bajos y  los judíos. A pesar de que los holandeses se organizaron para resistir a la  ocupación alemana, poco o muy poco pudieron hacer para evitar que los nazis pusieran en marcha la tristemente conocida como “solución final”, es decir, el exterminio de los judíos europeos. El 25 febrero de 1941, por ejemplo, los holandeses efectuaron una huelga general para protestar contra la persecución de los judíos y por la ocupación nazi del país, en un gesto tan épico como inútil.

La persecución y discriminación de la población judía en Holanda comenzó inmediatamente después de la invasión. A los judíos se les prohibió visitar zonas públicas, fueron despedidos de sus puestos gubernamentales y, en 1941, los nazis comenzaron a deportar a los judíos holandeses hasta el campo de concentración Mauthausen-Gusen.

La Enciclopedia del Holocausto del United States Holocaust Memoria Museum relata así los primeros episodios de este plan sistemático para acabar con la vida de todos los judíos que vivían en Holanda:”En enero de 1942, los alemanes comenzaron a trasladar a los judíos de las provincias a Ámsterdam, donde solo se les permitía acceder a ciertas secciones de la ciudad. Los judíos extranjeros y sin patria fueron enviados directamente al campo de tránsito de Westerbork. En julio de 1942, los alemanes comenzaron a deportar judíos en masa a campos de exterminio en la Polonia bajo ocupación, principalmente a Auschwitz, pero también a Sobibor. La administración de la ciudad, la policía municipal holandesa y los trabajadores ferroviarios holandeses colaboraron en las deportaciones, al igual que el partido nazi holandés (el Movimiento Socialista Nacional o NSB, por sus siglas en holandés). Las autoridades nazis alemanas y holandesas arrestaban judíos en las calles de Ámsterdam y los llevaban al punto de reunión para las deportaciones: el edificio del teatro municipal. Cuando se reunían cientos de personas en el edificio y en el patio trasero, se las transfería a Westerbork, adonde en octubre de 1942 los alemanes enviaron a todos los judíos que estaban en campos de trabajos forzados y sus familias. Al cabo de pocas semanas, se los deportaba a todos a Auschwitz-Birkenau”.

 

UN BALANCE DESOLADOR EN UN CLIMA DE COLABORACIONISMO Y DELACION

Más tarde, en 1943, as autoridades alemanas ordenaron a 7.000 hebreos, entre los que se encontraban los empleados del consejo judío de Amsterdam, que se reunieran en un plaza para ser deportados. La orden fue desobedecida y solamente acatada por unos 500 hebreos, lo que enfureció a los nazis y redobló sus esfuerzos por detener a todos los judíos de Holanda. A partir de entonces, pero sobre todo entre 1943 y 1945, las deportaciones de los judíos holandeses fueron moneda corriente en esa nación y apenas unos 25.000 judíos, muchos de ellos con la ayuda de holandeses, como fue el caso de la conocida Ana Frank junto con su familia, pudieron esconderse de los nazis, calculándose que unas dos terceras partes de los mismos salvaron sus vidas, lo que no ocurrió con los Frank. Ana Frank acabará sus días en Auschwitz después de ser encontrada y enviada a dicho campo por la Gestapo.

“La geografía de los Países Bajos hacía que resultara difícil escapar. La despiadada eficiencia de la administración alemana y la colaboración voluntaria de los administradores y los policías holandeses condenaron a los judíos de los Países Bajos. Menos del 25 por ciento de los judíos holandeses sobrevivieron al Holocausto”, resumía muy acertadamente la Enciclopedia del Holocausto del Museo Memorial de Washington.

Entre los capítulos más siniestros del Holocausto en Holanda, hay que reseñar el desahucio forzoso de la institución psiquiátrica judía de Het Apeldoornse Bosch, causando la deportación a los campos de la muerte de miles de personas con discapacidades y enfermedades mentales, la mayor parte de ellas hacia Auschwitz-Birkenau. Este lugar, que se puede visitar y es una parada obligada si se quiere conocer la terrorífica dimensión del Holocausto en este país, hoy en día es conocido como Zorginstelling ‘s Heeren Loo.

El 5 de mayo 1945, tras cinco años de ocupación, Holanda es liberada por los aliados y la Alemania nazi se derrumba como un castillo de naipes en medio de los combates, el descubrimiento del horror de los campos de la muerte y la vergüenza de millones de europeos que contemplaban atónitos las atroces y sanguinarias consecuencias que había provocado el fascismo en todo el continente. De los 140.000 judíos que había en los Países Bajos cuando el país fue ocupado, aunque los datos varían acerca de su número real, apenas 38.000 judíos salvarían sus vidas, algo más de la cuarta parte del censo total de hebreos holandeses. Otras fuentes, como la Casa Museo Ana Frank de Amsterdam, eleva el número de deportaciones hasta los 107.000 hebreos.

FUENTES USADAS:

Enciclopedia del Holocausto de United States Holocaust Memorial Museum:

https://encyclopedia.ushmm.org/content/es/article/the-netherlands

Bases documentales del Museo Yad Vashem:

https://www.yadvashem.org/es/holocaust/about/outbreak-of-ww2-anti-jewish-policy/western-europe.html

Casa Museo Ana Frank en Amsterdam:

https://www.annefrank.org/es/ana-frank/en-foco/holanda-el-mayor-numero-de-victimas-judias-de-europa-occidental/

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