NETANYAHU CREA EL GRAN ISRAEL

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EL GRAN ISRAEL YA ESTÁ AQUÍ

Nunca Israel había tenido en sus manos tanto territorio -si exceptuamos el periodo entre 1967 y 1982 en que ocupó el Sinaí egipcio- como ahora y si se consolidan estas fronteras, tal como parece, Israel tendría ahora bajo su dominio militar algo más de 30.000 kilómetros; el Gran Israel mítico ya está aquí.

Por Ricardo Angoso

Desde el nacimiento del sionismo, tras la publicación del libro Der Judenstaat -El Estado Judío-, en 1896, por Theodor Herzl, la cuestión territorial ha sido un elemento central en el movimiento sionista, pero el fundador del mismo le prestaba mas atención a cuestiones formales -unas fronteras más seguras, estables, reconocidas internacionalmente y conviviendo en paz con sus vecinos áreas- que a las territoriales. Unos años más tarde, tras la liquidación del mandato británico en Palestina, la Resolución 181 de la Asamblea General de las Naciones Unidas presentaba y establecía un Mapa para la partición de Palestina entre judíos y árabes el 29 de noviembre de 1947.  Los nuevos Estados comenzarían a existir dos meses después de la retirada británica, y como mucho el 1 de octubre de 1948 las fronteras debían estar fijadas. El Plan pretendía abordar los objetivos y reivindicaciones contrapuestos de dos movimientos enfrentados, el nacionalismo palestino y el nacionalismo judío (o sionismo).

Una vez aprobada la misma con 33 países a favor, entre los que se encontraban las grandes potencias, como la URSS y Estados Unidos, y 13 países en contra, se había dado un gran paso en la resolución de uno de los más viejos conflictos del siglo XX, aunque como veríamos más tarde era una salida en falso. El mapa en términos territoriales era un absoluto disparate. La mayoría de los habitantes judíos celebraron el plan para la creación de un estado judío, pero criticaron la falta de continuidad territorial del mismo, dividido en tres zonas separadas por vértices que lo hacían muy poco viable (y difícil de defender), al igual que el territorio asignado a los árabes. El mapa parecía trazado por el Diablo y solamente podía acabar mal.

Los árabes, tanto los que vivían fuera del territorio palestino como los de dentro, nunca aceptaron el plan de partición de las Naciones Unidas y optaron por la guerra con el fin nunca ocultado de “echar a los judíos al mar”. La guerra árabe-israelí de 1948, conocida por Israel como la Guerra de la Independencia, comenzó el 15 de mayo tras la declaración de independencia israelí el 14 de mayo de 1948 y la retirada británica. Cinco ejércitos árabes (Egipto, Jordania, Siria, Líbano e Irak) invadieron el territorio, pero Israel ganó, consolidando su estado y expandiendo su territorio un 22% más allá del plan de la ONU.

Como era de prever, los árabes fueron derrotados y el  resultado territorial tras la breve guerra no dejaba lugar a las dudas: Israel mantuvo su independencia y expandió su territorio, ocupando el 78% de la Palestina histórica. Jordania pasó a controlar Cisjordania y Jerusalén Oriental, mientras que Egipto tomó la Franja de Gaza. Además, 700.000 palestinos fueron expulsados de sus casas y nunca más regresarían a sus antiguas viviendas, propiedades y tierras de labranza.

Unos años después de aquella gran victoria israelí, Israel volvió a tomar la iniciativa. El 5 de junio de 1967, Israel lanzó un ataque aéreo sorpresa contra Egipto, destruyendo gran parte de su fuerza aérea en tierra y tomando por sorpresa a los egipcios. Poco después, Jordania y Siria entraron en el conflicto, ampliando la guerra, pero siendo también derrotadas. Los israelíes ampliaban su base territorial, quedando en manos israelíes la Península del Sinaí (de Egipto), gran territorio desértico clave por su profundidad estratégica; la Franja de Gaza (administrada entonces por Egipto); Cisjordania (hasta entonces en manos de Jordania) y Jerusalén Este, asunto central en el conflicto actual, y los Altos del Golán sirios hasta entonces. Realmente en 1967 se bosqueja el primer proyecto realista de un Gran Israel viable, con visos de ser reconocido internacionalmente y con la suficiente profundidad estratégica para asegurar su defensa y seguridad. Israel contaba entonces con 65.000 kilómetros cuadrados en sus manos. La Guerra de los Seis días había sido un gran éxito militar y territorial.

DE BOCETO NACIONALISTA A PROYECTO NACIONAL

En 1977, la llegada al poder del Likud por primera vez con Menahem Begin, un defensor del Gran Israel, tuvo que asumir contrariamente a sus deseos la retirada de la península del Sinaí, un sacrificio necesario para continuar la colonización en Cisjordania, y que tendría como contraparte la anexión de los Altos del Golán y de Jerusalén oriental. Años más tarde, el término Gran Israel resurgió en los medios de comunicación durante la invasión israelí del Líbano en 1982, cuando las fuerzas israelíes se adentraron en territorio libanés más allá del río Litani, que en una de las versiones bíblicas es el límite norte del Gran Israel.

Esto proyecto quedó articulado en un artículo muy conocido titulado Una estrategia para Israel en la década de 1980, publicado en 1982 en la revista trimestral Kivunim, una publicación del Departamento de Información de la Organización Sionista Mundial. El artículo fue escrito por el periodista y alto funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores israelí, Oded Yinon, quien abogó precisamente por un plan estratégico de divide y vencerás para fragmentar la región a favor de Israel. Los países llamados a desintegrarse y dividirse en claves étnicas y religiosas eran Siria y el Líbano, dos de las fronteras más calientes históricamente de Israel.

En los últimos años, se han seguido dando pasos para la consolidación e incluso la ampliación del Gran Israel. En Siria, la Línea Morada ha desaparecido e Israel controla ahora hasta el monte Hermón y se encuentra apenas unos kilómetros a las puertas de Damasco como siempre soñó. En Líbano, la Línea Azul es poco más que una ficción y ha vuelto a establecer un área de ocupación al sur del río Litani, más sofisticada. Mientras tanto, en Cisjordania, los colonos gobiernan la administración del territorio a sus anchas y la anexión del mismo es un hecho casi consumado. Ahora, con la guerra abierta en el Sur del Líbano entre las milicias de Hezbolá y Ejército israelí, cuyas perspectivas de evolución son inciertas, el río Litani aparece como la nueva frontera del Gran Israel de Benjamín Netayanhu. ¿Se detendrá ahí, seguirán adelante?

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