LOS JUDIOS DE CUBA

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LOS JUDÍOS DE CUBA

Por Ricardo Angoso

Acabo de terminar la obra Los judíos en Cuba, 1492-1902, cuyo autor es el historiador y profesor Jesús Jambrina un libro cronológico que recorre la historia de esta comunidad durante más de cuatro siglos. A través de esta obra se suceden los personajes más peculiares, variopintos y curiosos. Es una suerte de gran puzzle donde encajan como piezas conversos, inquisidores, piratas, comerciantes, sacerdotes, empresarios, marranos, nobles, bellacos, delatores y así un sinfín de categorías sociales, étnicas, religiosas, nacionales y profesionales. 

A través de las páginas de esta obra, que es profusa en biografías, historias personales y capítulos muy desconocidos de nuestra propia historia, se entremezclan, además, en una suerte de gran triángulo numerosos episodios relativos a Europa, las nuevas naciones latinoamericanas y el Caribe, donde acaban confluyendo muchos de los judíos protagonistas del relato historiográfico que pretende contarnos Jambrina. 

En un mundo donde reinaba la intolerancia religiosa, prevaleciendo durante años la persecución a los judíos desde tiempo pretéritos, -incluso antes del Edicto de Granada de 1492-, resulta especialmente protagónico el papel que tuvo la Inquisición en el ajusticiamiento de miles de sospechosos de realizar prácticas criptojudìas o abiertamente judías. Este ambiente represivo e inquisidor, y nunca mejor dicho, surcaría la historia de España desde su fundación, en 1478, hasta su definitiva abolición el 15 de julio de 1834, teniendo nuestro país el dudoso honor de ser el último en poner fin a dicha institución. Los archivos de la Inquisición en Cartagena de Indias, Lima y México están plagados de procesos, juicios e investigaciones que en muchos casos acababan llevando a la hoguera a los encausados, no sin antes seguramente haber sido torturados brutalmente. Marranos, conversos y judíos encabezan la lista de víctimas. 

Mientras en el mundo se iban generando espacios para la libertad religiosa, como en los Estados Unidos de América, las colonias holandesas en el Caribe, incluso algunas ciudades europeas, como Hamburgo, Londres y Amsterdam,  y algunas de las nuevas naciones latinoamericanas, en España hasta bien entrada la modernidad la ausencia de esa tolerancia religiosa fue la tónica dominante. De todo ello, junto con noticias de los primeros sefarditas, conversos y marranos que llegaron  a las nuevas tierras colonizadas por los españoles y otros conquistadores europeos, como los ingleses, los holandeses y los portugueses, nos da cumplido detalle esta obra del profesor Jambrina. 

LOS PIRATAS JUDÍOS

Especialmente curioso me ha parecido la historia que cuenta el autor sobre los piratas judíos, como por ejemplo los jóvenes judíos nacidos en Amsterdam que se declararon “Soldados de Sión” y se enrolaron como piratas en esa época turbulenta e incierta en que los mares eran un campo de batalla. Igualmente hubo piratas judíos de origen español que operaban en el Atlantico,  el Caribe e incluso el Mediterráneo, pero casi todas estas historias tienen una conexión, aunque a veces sea remota, con Cuba y otras islas de la región.

Por este libro se entremezclan personajes de varias nacionalidades, pero predominan los españoles, los portugueses, los holandeses, los ingleses y los pobladores de las nuevas naciones latinoamericanas, a los que algunos quisieron ver como descendientes de los primigenios judíos, como hemos podido leer en el libro, y que fueron víctimas de la conversión forzosa al cristianismo por sus conquistadores, fundamentalmente españoles, portugueses y franceses, sin que les quedara otra alternativa que la misma. 

Aparte de lo ya reseñado anteriormente, esta obra también nos habla del incipiente comercio entre los nuevos territorios descubiertos y Europa, en donde ambas partes descubrirían productos nuevos, sabores diferentes y bebidas absolutamente novedosas, como el vino (europeo) y el ron (caribeño), y con el mismo también apareció el contrabando, del que participaban casi a partes iguales todos los conquistadores con una gran variedad de productos en la lista. Los judíos, en este comercio que apenas comenzaba con el descubrimiento de las Américas, comerciaban con oro, plata, quinina, cacao, tabaco, azúcar, tintes, pieles y lana de vicuña, entre otros productos de una lista que sería interminable. 

LA ANTIGÜEDAD DEL MUNDO SEFARDÍ EN LAS AMÉRICAS

Otra novedades del libro es la pervivencia del mundo sefardí en numerosas partes del continente, como Brasil, México, Jamaica, las Antillas Holandesas, los Estados Unidos y, por supuesto, Cuba, cuya presencia data del siglo XVI y se mantuvo ininterrumpidamente hasta ahora. Ya en 1510, como hemos podido leer en este libro, el obispo de Cuba se quejaba a los reyes que las naves que venían de la península venían cargadas de judíos, herejes y nuevos cristianos. Iguales quejas se podían oír en otras partes, como en Puerto Rico, 

No cabe la menor duda de que el Nuevo Mundo, las Américas, ofrecía a los conversos, los criptojudíos y los marranos nuevas posibilidades para poder gozar de una mínima libertad religiosa de la que no podían disfrutar en España, Portugal e incluso el Norte de Marruecos, donde habían muchos judíos tras el Edicto de 1492 y la expulsión de Portugal, en 1496. El ambiente represivo y opresivo instalado por la Inquisición, casi obsesivo con los judíos en la España de la época, explica, en parte, esta verdadera oleada migratoria hacia los nuevos territorios desconocidos y apenas conquistados. 

El libro, desde luego, no tiene desperdicio y es prolijo en referencias literarias, como una sobre el poeta nacional de Cuba, José Martí, en la que el autor cubano escribió un breve texto titulado “Janucá” y dedicado a la festividad judía del mismo nombre. Quizá el texto, escrito en un viaje del poeta a Nueva York, -cuna de la libertad religiosa en ese periodo e incluso antes-, alude al respeto del autor por el pueblo judío y a la lucha del mismo por la libertad religiosa, en un periodo en que las Américas ya han germinado las ideas de la emancipación nacional y la aspiración de todos los pueblos, incluido el cubano, a alcanzar algún día la independencia.  

En definitiva, este texto es una historia de los judíos de Cuba, pero también es una parte de nuestra propia herencia cultural porque no se puede entender la historia de España sin tener en cuenta nuestro pasado, herencia e identidad judías. Lo que ha significado Sefarad en nuestro pasado, en nuestra historia, no es un eslabón perdido sin conexión alguna con el presente y el futuro, sino una parte de un todo, de un conjunto de tradiciones, costumbres y raíces que conforman nuestro acervo cultural e identitario que es indivisible y único. 

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