LA GRAN SINAGOGA DE BUDAPEST DE LA CALLE DOHANY

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LA GRAN SINAGOGA DE DOHÁNY DE BUDAPEST, EPICENTRO DE LA VIDA JUDÍA DE LA CAPITAL HÚNGARA

Por Ricardo Angoso

La Gran Sinagoga de Budapest, la segunda más grande del mundo después de la de Nueva York y conocida también como la sinagoga de la calle Dohány, ha sido históricamente el epicentro de la vida judía de la capital húngara, tanto antes como después de la Segunda Guerra Mundial. No deja de ser una de esas significativas casualidades de la historia que, en esta misma calle y junto al templo, naciera Theodor Herzl, fundador del sionismo y autor de la obra fundamental El Estado judío (Der Judenstaat, 1896), en la que expuso la necesidad de establecer un hogar nacional judío en la entonces Palestina otomana, un proceso que culminaría con la creación del Estado de Israel en 1948. La casa natal de Herzl, actualmente en obras, ha sido durante décadas un lugar de peregrinación y memoria para la comunidad judía.

Volviendo a la sinagoga de la calle Dohány, conviene señalar que cuenta con un aforo aproximado de 3.000 personas y es el principal centro de la comunidad judía neóloga, una corriente específica del judaísmo húngaro que combina elementos del judaísmo reformista y del ortodoxo, con una influencia mayor del primero. Según recoge la enciclopedia Wikipedia, el edificio mide 75 metros de largo y 27 de ancho, fue construido entre 1854 y 1859 y responde a un estilo neomorisco. Su decoración se inspira fundamentalmente en la arquitectura islámica del norte de África y de la España andalusí, en particular en la Alhambra de Granada. El arquitecto vienés Ludwig Förster sostenía que no existía una arquitectura judía “típica” y, por ello, optó por emplear formas asociadas a pueblos considerados históricamente afines al israelita. El diseño interior se atribuye a Frigyes Feszl.

La construcción de la Gran Sinagoga se produjo en un contexto de gran auge demográfico y económico de la comunidad judía de Pest, que a mediados del siglo XIX llegó a representar cerca de una quinta parte de la población total de la ciudad. Si en 1848 había unos 170.000 judíos en Hungría, en 1860 la cifra ascendía ya a 430.000, muchos de ellos procedentes de Prusia y de la Polonia bajo dominio ruso, donde los pogromos eran frecuentes. Una gran parte de esta población se concentraba en la capital. La sinagoga se edificó en pleno barrio judío de Pest, una zona donde el comercio del tabaco, dominado por familias judías, tenía un peso notable, de ahí el nombre de la calle: Dohány, “tabaco” en húngaro.

Sin embargo, este lugar emblemático también está vinculado a uno de los periodos más trágicos de la historia de Hungría. Antes de la Segunda Guerra Mundial, Budapest era, tras Varsovia, Lodz y Kiev, una de las mayores capitales judías de Europa, con algo más de 200.000 judíos, aproximadamente el 23 % de la población de la ciudad. La presencia judía en Hungría, relativamente reciente en comparación con otros países europeos, creció de forma rápida y sostenida desde el siglo XIX hasta el estallido de la guerra en 1939.

EL HOLOCAUSTO, UN PUNTO DE INFLEXIÓN PARA LOS JUDÍOS HÚNGAROS

Este recinto religioso, centro de buena parte de la vida social judía de Budapest, fue testigo directo de aquellos acontecimientos. La vida de los judíos húngaros transcurrió con relativa normalidad hasta los años treinta, pero a partir de 1938, tras el Anschluss —la anexión de Austria por la Alemania nazi— y debido a la creciente simpatía de las autoridades húngaras hacia las potencias fascistas, la situación comenzó a deteriorarse progresivamente. Ese mismo año, el gobierno del regente Miklós Horthy, bajo presión alemana, aprobó las primeras leyes antisemitas, sin que existiera una oposición social o intelectual significativa, a diferencia de lo ocurrido en países como Dinamarca o Bulgaria.

La extrema derecha húngara y los movimientos nacionalistas, profundamente antisemitas, aprovecharon el clima político imperante en Alemania y Austria para presionar al gobierno de Budapest y endurecer las medidas contra los judíos. El punto de no retorno llegó el 19 de marzo de 1944, cuando Hungría fue ocupada por la Alemania nazi, que ya desconfiaba del doble juego húngaro, oficialmente aliado del Eje pero en contacto con los Aliados y la Unión Soviética para negociar una salida de la guerra.

La ocupación tuvo como objetivo principal la deportación masiva de los judíos húngaros —junto con los refugiados procedentes de Eslovaquia, Rumanía y Polonia— a los campos de exterminio. Con una administración dócil instalada en Budapest, la maquinaria genocida se puso en marcha de manera rápida y metódica, replicando el modelo aplicado por los nazis en otros territorios ocupados.

En ese contexto desesperado, se estableció el gueto de Budapest en torno a la sinagoga de la calle Dohány. Recluidos en condiciones infrahumanas, centenares de judíos murieron víctimas del hambre, las epidemias y la violencia de los grupos fascistas húngaros. En los jardines de la sinagoga encontraron refugio unos 3.000 judíos, y allí murieron, entre otros, el poeta Miklós Radnóti y el historiador Antal Szerb, junto a miles de víctimas anónimas que hoy reposan en el pequeño cementerio interior del complejo, todavía visitable.

El balance final del Holocausto en Hungría resulta devastador. De los aproximadamente 825.000 judíos que vivían en el país antes de la guerra, solo sobrevivieron unos 260.000. En Budapest quedaron alrededor de 100.000, ya que la tasa de exterminio en la capital (en torno al 55 %) fue menor que en el resto del país. En 1945 apenas permanecían en Hungría unos 155.000 judíos, debido tanto a las muertes como a la emigración posterior hacia Occidente e Israel. El Holocausto supuso un punto de inflexión irreversible en la vibrante vida judía húngara, que nunca volvería a recuperar su antiguo esplendor, agravado después por la larga etapa comunista (1945-1989).

El complejo de la Gran Sinagoga de Dohány alberga hoy varios espacios fundamentales para comprender la historia judía de Hungría: el Museo Judío de Budapest, que documenta el gueto entre finales de 1944 y comienzos de 1945; la casa natal de Theodor Herzl; el Templo de los Héroes, añadido en 1931 y diseñado por László Vágó y Ferenc Faragó; el Cementerio Judío; y el Parque Memorial del Holocausto Raoul Wallenberg, donde se alza el célebre Árbol de la Vida.

En lo que respecta al cementerio ubicado en el interior de la Gran Sinagoga, hay que reseñar que el mismo tiene una importancia especial, ya que, según la costumbre judía, los cementerios no se ubican junto a las sinagogas. Sin embargo, el cementerio frente a la calle Wesselényi se estableció por necesidad durante la Segunda Guerra Mundial. El 18 de enero de 1945, tras la liberación del gueto, miles de cadáveres insepultos yacían en las calles, con más de 3.000 muertos tan solo en la cercana plaza Klauzál. De los muertos, 1.140 mártires conocidos por su nombre y 1.170 desconocidos fueron enterrados en 24 fosas comunes en el patio de la sinagoga.(Con datos e informaciones procedentes de https://www.budapestinfo.hu/en/jewish-cemeteries-in-budapest).

Como nota final añadir que Raoul Wallenberg fue un diplomático sueco que salvó a decenas de miles de judíos húngaros durante el Holocausto mediante la expedición de pasaportes protectores y la creación de refugios en Budapest. Arrestado por las fuerzas soviéticas en enero de 1945, desapareció en cautiverio, convirtiéndose en una figura rodeada de misterio y en un símbolo universal de valentía moral, reconocido como Justo entre las Naciones. Pero esa, como suele decirse, es otra historia.

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