ES PRIMAVERA EN BELGRADO
Por Ricardo Angoso
He sido testigo de excepción de la reciente victoria de la Liga de los Estudiantes, un heterogéneo movimiento de oposición al Ejecutivo serbio de Aleksandar Vučić, en las elecciones celebradas en este país el pasado 25 de octubre. Una gran victoria, con el 53 % de los votos y 140 escaños de un Parlamento de 250 diputados, tras trece años de un Gobierno caracterizado por la corrupción, la compra de votos en las distintas contiendas electorales, el juego sucio contra la oposición, el poder omnímodo y el férreo control de los medios de comunicación.
Vučić, un oportunista prorruso, nacionalista de opereta por simple tacticismo electoral y un auténtico geta, capaz de sobrevivir a cualquier terremoto político, no tiene realmente ideología alguna: las tiene todas y es capaz de cambiar sus ideas en función de la coyuntura. Lo suyo es el poder sin ambages ni control alguno. Pero esta vez el tiro le ha salido por la culata: los estudiantes se le subieron a la chepa, como se dice vulgarmente, y le ganaron las elecciones contra todo pronóstico y frente a lo que auguraban las encuestas.
La sociedad serbia estaba realmente cansada, agotada me atrevería a decir, desde que el 1 de noviembre de 2024 se desplomó la enorme marquesina de hormigón de la estación ferroviaria de Novi Sad, la segunda ciudad más importante de Serbia, y murieron quince personas, entre ellas varios jóvenes y un niño de seis años. Una persona herida falleció posteriormente, elevando a dieciséis el balance final. La estación estaba abandonada, como buena parte del país, porque a Vučić solo le movían la ambición y el afán de poder. Esas cosas, como el mantenimiento de las instalaciones ferroviarias —¿les recuerda a alguien?—, le sonaban a chino, a pesar de sus buenas relaciones con la China comunista.
Lo ocurrido en Novi Sad, Serbia, aquel 1 de noviembre de 2024, fue el detonante de una de las mayores movilizaciones populares contra el poder del presidente Aleksandar Vučić y su Partido Progresista Serbio. Pero la indignación no se debió únicamente a un accidente: para muchos serbios, aquella tragedia simbolizó la corrupción, la falta de transparencia y la impunidad que, a su juicio, caracterizan al sistema político del país. A partir de entonces, la farsa política construida por Vučić comenzó a desmoronarse como un castillo de naipes, y los aires de cambio, como ocurrió en el año 2000, cuando cayó Milošević, empezaron a soplar en la gélida vida política serbia hasta desembocar en este 25 de octubre.
Más allá de los análisis políticos, aquella noche del 25 de octubre, cuando apenas se habían conocido los resultados electorales y la Liga de los Estudiantes arrasaba literalmente en las urnas, miles de jóvenes, casi todos menores de cuarenta años, se echaron a las calles con ardor, pasión y una alegría desatada, después de años esperando en la cola de la historia a que pasara el tren de la libertad. Demostraron un arrojo incontenible. «La vida castiga a los que llegan tarde y pierden el tren de la historia», había dicho el líder soviético Mijaíl Gorbachov al referirse al veterano dirigente comunista de la República Democrática Alemana, Erich Honecker, después de reunirse con él. Con aquel comentario apuntaba a la total desconexión con la realidad que, como una enfermedad, aquejaba a aquella anciana «momia» del pleistoceno estalinista. Al final, cayó el Muro de Berlín y Honecker pasó a mejor vida, en el sentido metafórico, pues acabó exiliándose. Eso mismo, debido sobre todo a su desconexión con la realidad, es lo que le ha sucedido a Vučić.
Aunque hace frío en Belgrado y ya se anuncian las primeras nieves, la primavera ha llegado a la capital serbia y anuncia cambios inminentes. Bendiciones a los vencedores en las urnas. Sin embargo, la heterogénea coalición que ha ganado las elecciones, en la que se integran proeuropeos, prorrusos, gays, ecologistas, estudiantes, progresistas, ultranacionalistas, populistas y así hasta un sinfín de categorías políticas y sociales, hace temer que el actual grupo dirigente pueda acabar convirtiéndose en el camarote de los hermanos Marx en un pispás. Pero bueno, esa es otra historia, que dejamos para la próxima entrega, sin amargar estos primeros retoños, o soplos, primaverales.
Vídeo personal de la victoria opositora serbia: https://www.youtube.
