BERLÍN, EL VIENTRE DEL HOLOCAUSTO

BERLÍN, EL VIENTRE DEL HOLOCAUSTO

BERLÍN, EN EL VIENTRE DEL HOLOCAUSTO
Hay noticia de la presencia de los judíos en tierras alemanas desde la época romana, más concretamente, hasta el siglo XI, en que tuvieron una vida relativamente tranquila y con escasos episodios de antisemitismo. Los judíos de Alemania eran artesanos, agricultores, comerciantes y más avanzada la historia también se convirtieron en prestamistas, debido a que a los cristianos se les prohibía esta profesión. Este periodo de la historia es considerado la «edad de oro» del judaísmo alemán y a partir del siglo XI se comenzaron a abrir las primeras yeshivas en  Maguncia y Worms. 


Esta»edad de oro» para los judíos terminó abruptamente  el 26 de noviembre del año 1095, cuando el Papa Urbano IIamó a los cristianos a reconquistar Jerusalén, dado comienzo a la primera Cruzada cristiana pero también poniendo fin a un largo periodo de cooperación entre cristianos y judíos. Se empezó a sospechar de los judíos y fueron acusados de estar aliados con los musulmanes -lo que cual no era cierto obviamente-, comenzando, con ello, las primeras persecuciones y pogrom.


«Los cruzados rutinariamente masacrarían a comunidades judías enteras en su camino a Tierra Santa. Las comunidades en Worms, Mainz y Colonia fueron devastadas; en Maguncia, por ejemplo, 1,100 judíos fueron asesinados en un día en 1096, y la sinagoga y otros edificios de las comunidades fueron arrasados. Es importante tener en cuenta que si bien el Papa ocasionalmente condenó estos ataques contra judíos, las condenas no fueron ni vocales ni frecuentes. Además, la falta de castigos o represalias contra los violadores de las órdenes del Papa dio a los manifestantes su aprobación implícita, y los ataques continuaron durante las siguientes siete cruzadas en los siglos XII y XIII», explica una de las páginas virtuales de la comunidad judía alemana.  Por ejemplo, Joseph Oppenheimer (1699-1739), uno de los judíos judiciales más prominentes de Alemania, utilizó su posición para convencer al duque de Wurttemberg de que rescindiera una orden de expulsión por la  que se había prohibido a los judíos vivir en su ducado en el sur de Alemania.


Las grandes ciudades judías en lengua alemana eran Berlín, Viena y Munich, pero a pesar de que se iba desarrollando notable presencia social, cultural y política en la vida alemana de los judíos, el clima durante el periodo de la reforma luterana era opresivo. Sin andarse por las ramas y ajeno a ninguna contención moral, Lutero transforma el antisemitismo pasional y oral en una suerte de ciencia religiosa que parte desde los púlpitos hacia los creyentes. En 1543, Lutero publicó Sobre los judíos y sus mentiras, obra en la que llega a afirmaciones como que los judíos son un pueblo «abyecto y despreciable, es decir, no un pueblo de Dios, y su jactancia de linaje, su circunciosión y su ley deben ser considerados sucios»; están manchados con «las heces del diablo (…), en las que se revuelcan como cerdos». La sinagoga es una «novia impura, sí, una ramera incorregible, una mujerzuela impía». Lutero propugna que las sinagogas y escuelas rabínicas sean pasto del fuego, sus libros de oración destruidos, que se prohíba a los rabinos predicar, que sus casas sean arrasadas y sus propiedades y dinero confiscados. No se les debe mostrar ninguna piedad ni misericordia, ni facilitar protección legal alguna y «estos infectos gusanos venenosos» deben prepararse para el trabajo forzado o la expulsión definitiva de la faz de la tierra. En este libro Lutero parece incluso preconizar su asesinato, cuando escribe: «Seremos culpables de no destruirlos”.


Sin embargo, las cosas comiezan a cambiar poco y poco para los judíos. En 1671, se conceden en Berlín los primeros privilegios de residencia para las primeras famias judías y, un año más tarde, en 1672, la comunidad compra los terrenos para el primercementerio judío -conocido como Grosse Hamburger Strase, por la calle en él que se ubicaba-. En 1714, se consagra la primera sinagoga de Berlín conocida como Heidereutergasse. Entre 1722, en que se efectúa la primera reogarnización interna de la comunidad judía, y principios del siglo XX, es el momento de máximo esplendor en la vida hebrea de Berlín. Se abrieron sinagogas, teatros, instituciones culturales y educativas, residencias de ancianos, sinagogas, hospitales y escuelas, creándose una impresionante actividad judía incesantes en todos los órdenes.


En 1933, año en que Hitler llega al poder en Alemania, la comunidad judía alcanza a los 160.000 miembros y es el momento de su máximo esplendor pero también el comienzo de su declive. Unos años más tarde, en 1939, casi la mitad de la población judía ha salido de Alemania, de ellos 80.000, casi el 50% del censo hebreo, procedían de la capital alemana, Berlín.


Pero conviene que antes de adentrarnos en el Holocausto repasemos la historia del periodo nazi anterior a la guerra, prólogo de la gran catástrofe que se precipitaba y que nadie quería ver porque nadie podía imaginar en aquellos años lo que estaba por venir. El 1 de abril de 1933, como aperitivo de la gran tragedia que se abatía, se llevó a cabo un boicot antijudío en toda Alemania que consistía en apelar a los alemanes en no comprar en tiendas y negocios judíos, de tal forma que miles de militantes y simpatizantes de los nazis se pusieron delante de los mismos con carteles insultantes a los judíos e impedían el paso a esas tiendas, bancos o lo que fuera. Luego vinieron, en 1935, las Leyes de Nuremberg de septiembre de 1935 que definieron a los judíos como una raza  y fueron degradados a ciudadnos de segunda. 


El punto inflexión a la persecución llegaría tres años más tarde, en 1938. En la noche del 9 de noviembre de 1938 hubo un estallido de violencia contra los judíos en todo el Reich. Parecía imprevisto, provocado por la furia de los alemanes por el asesinato de un funcionario alemán en París en manos de un adolescente judío, pero en realidad, el ministro de propaganda alemán Joseph Goebbels y otros nazis habían organizado cuidadosamente los pogroms. En dos días, más de 250 sinagogas fueron quemadas y más de 7.000 comercios de judíos fueron destrozados y saqueados. Hubo 90 muertos en esa jornada. Al día siguiente de esos hechos, 30.000 judíos alemanes fueron detenidos y enviados a los campos de la muerte. Acababa de comenzar el Holocausto.


Desde octubre de 1941 hasta el final de la guerra, en 1945, alrededor de 55.000 judíos de Berlín fueron deportados, la mayor parte serían asesinados. No hay cifras ciertas pero se calcula que algunos centenares se suicidaron durante la larga guerra. Según hemos podido leer en las páginas de la comunidad judía de Berlín, después de la Liberación en mayo de 1945, había alrededor de 8,000 judíos viviendo en Berlín, la mayoría de ellos escaparon a la deportación porque estaban casados ​​con no judíos. Alrededor de 1.900 judíos sobrevivieron a los campos. Hasta 7.000 judíos se habían escondido, pero solo 1.700 de ellos pudieron sobrevivir; los otros fueron traicionados o arrestados, se entregaron a la policía, murieron de enfermedad o murieron en ataques aéreos.


Entre 1950 y 1990, la población hebrea en Alemania osciló entre los 30.0000 y 35.000 judíos, empezándose un crecimiento en el censo a partir de la caída del Muro de Berlín y el colapso del sistema comunista (1989), en que la población se duplica en el el 1995 y triplica en el año 2002, en que alcanza los 100.000 miembros. En la actualidad, según datos oficiales, viven unos 120.000 judíos, muchos de ellos procedentes del extinto bloque socialista o de la difunta Unión Soviética. Oficialmente, se habla de que los judíos censados en Berlín sobrepasan los 12.000, aunque extraoficialmente se considera que entre los censados y no censados la cifra podría llegar hasta los 50.000, una cifra que, personalmente, considero algo irreal. Estos son los lugares que todavía nos señalan la rica presencia hebrea de lo que fue Berlín y d de lo que intenta ser ahora tras esta súbida «resurrección»:


1.Nueva Sinagoga de Berlín.  El edificio tiene trazos de estilo neomorisco y fue levantado por el arquitecto Eduard Knoblauch, siendo en su momento, a mediados del siglo XIX, la principal sinagoga de Berlín y más grande, pudiendo albergar hasta 3.000 personas. Era el epicentro de la vida judía de la capital alemana hasta 1939, en que durante la Noche de los Cristales Rotos fue atacada por las hordas nazis y sufrió serios desperfectos. Luego sería bombardeada durante la Segunga Guerra Mundial y resultó seriamente dañada, casi al borde de la destrucción total, siendo reconstruida exhaustivamente en 1995 y abriendo sus puertas como el Centrum Judaicum en ese año, contando en su interior con una exposición permanente sobre la historia del edificio y de los judíos berlineses. Su bella cúpula dorada es visible desde varias partes de la ciudad y nos recuerda el esplendoroso pasado judío de Berlín 
2.Monumento a las víctimas del Holocausto. Fue inaugurado en 2005 por las autoridades alemanas en honor a los judíos y está situado muy cerca de la Puerta de Bradenburgo, para que sea visible y no en lugar donde esconder las miserias. Se extiende a lo largo de  19 000 metros cuadrados cubierto por una rejilla cuadriculada en la que están situadas 2711 estelas o losas . El proyecto nació de una iniciativa cívica que tenía como fin preservar y reivindicar la memoria de los más de seis millones de judíos asesinados durante el Holocausto y fue secundada después por el parlamento alemán -el Budestag.
3.Plaza Rosentrasse. Es un plaza con un grupo escultórico muy bello en honor a un grupo de mujeres que prostestaron valientemente contra los nazis para evitar la deportación de sus maridos judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Hemos encontrado esta reseña sobre lo que sucedió realmente en aquellos días:»Los hechos históricos ocurrieron entre febrero y marzo de 1943, después de que las SS detuvieran a los últimos judíos de Berlín, aquellos que estaban casados con mujeres de raza aria.En lugar de ser enviados a los campos de exterminios, fueron recluidos en un edificio de la calle Rosenstrasse. Cuando sus esposas se enteraron de su detención, rápidamente se organizaron junto con sus familiares para manifestarse frente a la casa de reclusión.Tras una semana de protestas consiguieron la liberación de todos los presos».(Fuente citada y consultada: https://queverenelmundo.com/que-ver-en-alemania/guia-de-berlin/que-ver-y-hacer-en-berlin/barrio-judio-berlin/).
4.Los cementerios judíos de Berlín. Los principales cementerios judíos de la ciudad son: el de Mitte, en la calle Hamburger Strasse; el de Prenzlauer, en la calle Schönhauser Allee; el de Weissensee, en la calle Herbert-Baum-Strasse; el Adass Yisroel, en la calle Wittlicher Strasse; y, finalmente, el Heerstrasse/Scholzplatz, en la calle Heerstrasse. Todos ellos -los cinco- pueden ser visitados (consultar horarios y días de cierre) y conviene ser recorridos con una buena guía o mapa del mismo. Aquí reseñamos los tres más importantes y que hemos conocido en una reciente visita a la capital alemana.
EL CEMENTERIO DE MITTE (HAMBURGER STRASSE, 26)Esta instalación, situada no muy lejos del centro de la ciudad de Berlín, fue abierta en el año 1672, época de esplendor de la comunidad judía de la urbe, y cerrado temporalmente en 1827. Más tarde fue de nuevo reabierto y hay noticias de que en el año 1872 había ya casi 12.000 lápidas, de las cuales 2.767 habían sido transcritas a una larga lista mecanografiada que guarda la dirección de la institución. La mayor parte de los textos de estas lápidas estaban escritas en hebreo y tan sólo unas pocas contenían frases en alemán.
En la época oscura de Alemania (1933-1945), bajo dominio nazi, la Gestapo llevó a cabo una acción, en 1943, con el fin de destruir las instalaciones y forzar a sus empleados en la destrucción del recinto sagrado, algo que conseguirían tres años más tarde, en 1945, y que completó la desaparición de casi todas sus lápidas.
Finalmente, una vez terminada la guerra, el cementerio logró conservar algunas de sus lápidas, entre ellas cabe destacar la destacado y conocido filósofo berlinés Moses Mendelssohn (1747-1803), cuya lapida mortuoria fue de nuevo repuesta en el año 1962.
La instalación fue reabierta en forma de parque tras la guerra, en 1948, colocándose una placa bilingüe en la entrada que recordaba la historia del cementerio y los avatares que había sufrido a lo largo de su historia. A partir del año 1974 fue declarado de interés histórico y el lugar comenzó  a ser visitado libremente por todos los públicos. En 1988, una vez que se asistió a un ligero renacimiento de la vida judía de la ciudad, algunas lapidas fueron restauradas y trasladadas para su definitiva reparación tras décadas de abandono. Sin ser una de los cementerios judíos más importantes de la ciudad vale la pena visitarse por el significado que tuvo durante la época oscura y por haber sido en tiempos uno de los más importantes de la ciudad.
Entre las personas destacadas de la vida judía que estuvieron enterradas en el cementerio, hay que destacar rabino David Fränkel (1707-1762), el joyero de la corte Iessei Veitel Heine Ephraim (1703-1773), el conocido doctor Marcus Herz (1747-1803) y el ya citado filósofo Moses Mendelssohn (1729 -1786), entre algunos de los más destacados. Lástima que la destrucción padecida y también el abandono no nos permitan contemplar este recinto.


EL CEMENTERIO DE PRENZLAUER BERG 

Es uno de los lugares que debe visitarse en un recorrido por el Berlín judío, pues está muy bien conservado, hay lapidas de una indudable belleza y el lugar es muy apacible. El cementerio de Schönhauser Alle fue oficialmente abierto en 1827 y cerrado en 1880, comprendiendo en su interior 22.500 tumbas y 750 panteones familiares, algunas de una gran riqueza y finamente decorados. Durante la Segunda Guerra Mundial fue dañado, aunque levemente, por los bombardeos aéreos y los ataques artilleros. Lamentablemente, debido a estos ataques, muchas lapidas y panteones resultaron afectados, aunque el conjunto se salvó casi completamente, algo que no se puede decir de la mayor parte de las instituciones judías de la ciudad y de otras partes de Alemania.
El recinto, que ha sido declarado de interés histórico y que se encuentra en buen estado, alberga numerosas tumbas y panteones de hombres prominentes y familias pudientes judías del siglo XIX. Este cementerio, ni que decir tiene, es uno de los más representativos de la ciudad, lugar imprescindible para adentrarnos en el mundo judío de la Alemania del siglo XIX.
Entre sus tumbas, repasando los nombres, las profesiones y los textos de sus lapidas, encontramos una historia rápida y viva de la comunidad judía de esa centuria, que aportó numerosos hombres ilustres, entre los que podemos destacar: los políticos Eduard Lasker (1829-1884) y Ludwig Bamberger (1823-1899); el rabino y cualificado conocer de los textos judíos Samuel Holdheim; el empresario de la época James Henry Simon (1851-1932); el literato Ludwig Geiger (1848-1920); el fundador de la ciencia del judaísmo Leopold Zunz (1794-1886); el destacado rabino y teórico reformista del mundo judío Abraham Geiger (1810-1874); el compositor Giacomo Meryebeer (1791-1864); el director de escuela y pedagogo Baruch Auerbach (1793-1864); el director de la Escuela Libre Judía y primer concejal judío de Berlín David Friedländer (1750-1834); el banquero Joseph Mendelssonhn (1770-1848), y finalmente, por citar tan sólo algunos nombres entre los centenares que podríamos citar, el pintor Max Liebermann (1847-1935).


En lo que respecta a los lugares que debemos visitar por su curiosidad e interés artístico, hay que reseñar las tumbas de Gerson von Bleichröder (1822-1893), realizada y diseñada por Reinhold Begas, en mármol de carrara, Sophie Loewe (1847-1876), Moritz Manheimer (1826-1916) y Leopold Ullstein. En cualquier caso, una visita a este lugar no nos defraudará y un paseo por todo el cementerio nos reconfortará y ayudará a conocer la rica herencia de la vida judía alemana.
EL CEMENTERIO DE WEISSENSEE A finales del siglo XIX, y debido sobre todo al alto crecimiento demográfico de la comunidad judía, los dirigentes de la misma decidieron comprar un terreno de 43 hectáreas con el fin de abrir un nuevo cementerio que albergase los restos de una comunidad en rápido desarrollo. Finalmente, el encargo y el diseño de la obra recayó en la figura del profesor de arquitectura Hugo Licht, quien proyectó un desarrollo práctico, funcional y optimizado para el nuevo emplazamiento funerario.


El 22 de septiembre de 1880 se abrirían las puertas del nuevo cementerio, que estaba dividido en varios bloques ordenados geométricamente y marcado con letras y números. A la entrada del recinto también había un hall y se dispusieron dos entradas. El recinto fue sucesivamente ampliado a lo largo de los tiempos, siendo realizadas las primeras obras en 1910 y en años posteriores. En 1914 se proyectó levantar un monumento conmemorativo dentro del recinto para los soldados judíos fallecidos en la Primera Guerra Mundial, obra que finalmente fue concluida en el año 1927 por el arquitecto Alexander Beer.


Durante la era nazi, el cementerio siguió con sus actividades, casi clandestinas, hasta el año 1938 y dentro del recinto se celebran actividades religiosas y las fiestas sagradas judías sin problemas hasta dicha fecha. También algunos judíos de la ciudad se refugiaron ilegalmente huyendo de las persecuciones emprendidas por los nazis a partir de la noche de los cristales rotos, en que fueron incendiadas y destruidas numerosas sinagogas e instituciones judías, al tiempo que comenzaron las deportaciones masivas de miles de judíos hacia los campos de exterminio o centros de trabajo que encubrían la esclavización de los trabajadores hebreos.


Entre 1938 y 1945 la Gestapo realiza numerosas redadas y controles de los edificios e instalaciones del cementerio con el fin de apresar a los trabajadores y a los judíos que se habían cobijado huyendo de las persecuciones y la furia desatada por el régimen nazi. Estas circunstancias tan adversas para los judíos provocaron que el índice de suicidios aumentase dramáticamente en la capital alemana; tan sólo en el año 1942 se producirían 812.


La guerra, además, provocaría la destrucción de al menos unas 4.000 lapidas del cementerio sobre un total de 115.000 registradas, aunque a diferencia de otras instituciones se salvaría de la destrucción y el cierre. Luego, tras la división de la ciudad en dos partes, el cementerio quedaría en la zona comunista y caería en olvido hasta el año 1989, cuando fue derribado el Muro de Berlín. Las nuevas autoridades alemanas, una vez unificado el país, contribuirían con importantes ayudas a la rehabilitación del cementerio y a la restauración de las lapidas más deterioradas por el paso del tiempo. Resulta increíble el vigor y la energía que tiene la nueva comunidad judía, que se nutre mayoritariamente de judíos llegados de Rusia y otras partes del Este.


Entre las lapidas de importantes judíos enterrados en el camposanto, hay que destacar las de David Casel (1818-1893), el músico especializado en música religiosa Louis Lewandowski (1821-1894), el experto en ciencia de judaísmo Moritz Steinschneider (1816-1907), el rabino Martin Riesenburger (1896-1965), el filosofo Hermann Cohen (1842-1918), el escritor de leyendas y cuentos Micha Josef Bin-Gorion (1865-1921), el conocido resistente comunista Herbert Baum (1912-1942), los también resistentes al nazismo Richard (1911-1975) y Charlotte Holzer (1909-1980), el cantante Joseph Schwarz (1881-1926), el hombre de negocios Albert Mendel (1866-1922), el arquitecto Louis Fränkel (1863-1922), el manufactero tabaquero Josef Garbàty-Rosenthal (1851-1939), el artista gráfico Lesser Ury (1861-1931) y, finalmente, por citar tan sólo algunos prominentes figuras de la comunidad, el artista gráfico Lesser Ury (1861-1931).


EL CEMENTERIO ADASS YISROEL 

Es uno de los más pequeños y menos visitado de la ciudad de Berlín. Fundado a finales del siglo XIX, en 1873,  durante la época nazi fue seriamente dañado y destruido. También los bombardeos y los ataques aliados le causaron serios daños, aparte de la desaparición de numerosas lápidas y panteones. Aunque tiene menor interés histórico y artístico que los anteriores recintos funerarios, si se tiene tiempo merece la pena visitarse y recorrerse, pues al igual que los anteriores revela la rica vida judía que tenía la capital alemana. El cementerio cuenta con apenas 3.000 lápidas y una buena parte de las que contenía desaparecieron durante la era nazi y luego con la guerra. Es el cementerio más tradicional y ortodoxo de los de la capital alemana, aunque no goza de la monumentalidad de los reseñados anteriormente.


Entre las tumbas que deben visitarse y destacarse, hay que reseñar en la nómina las del rabino Esriel Hildesheimer (1820-1899), el profesor del semanario rabínico David Hoffmann (1843-1921), el experto en historia judía y geografía palestina Hirsch Hildesjheimer (1855-1910), el acróbata y artista de circo Siegmund Breitbart (1893-1925) y el escultor Jakob Plessner (1871-1936), por citar tan sólo algunas de las más importantes figuras enterradas en el recinto.


Direcciones:Cementerio de Mitte: Hamburger Strase, 26.Cementerio de Adass Yisroel: Wittlicher Strasse, 2.Cementerio de Weissensee: Herbert-Baum Strasse, 45.Cementerio de Prenzlauerberg: Schönhauser Allee, 23-25.


5.Stolpersteine. Se encuentran en todos los lugares de Berlín y son pequeños bloques de cemento revestidos en su parte superior con una placa en bronce, siendo colocados en las puertas de muchas casas de Berlín de donde partieron los judíos hacia los campos de la muerte. Contienen nombre y apellidos, lugar y fecha de nacimiento y probable lugar de asesinato o defunción durante el Holocausto. Fue un proyecto que nació de la mano del arquitecto alemán Gunter Demnig, con el objetivo de conmemorar y recordar el triste final de miles de personas, principalmente judíos, en la larga noche nazi. Numerosas familias de judíos que fueron asesinados durante el Holocausto han ido aportando los nombres de sus familiares, y la idea es un proyecto vivo y que va creciendo paulatinamente con estas aportaciones. El proyecto se ha ido extendiendo y ya muchas ciudades europeas, entre ellas Viena, Budapest y Bratislava, las que se han sumado al proyecto y colocan estos póstumos homenajes callejeros.
6.Museo Otto Weidt. Es uno de los museos más curiosos y, quizá, más desconocidos de Berlín. En el mismo, se nos habla de la vida, obra y desempeño de un gran empresario alemán, Otto Weidt, que salvó la vida a muchos judíos en la capital alemana. El Museum Blindenwerkstatt Otto Weidt nos la historia del taller de cepillos y escobas de Otto Weidt y nos cuenta lo que sucedió en el lugar, cuando el buen Otto empleó y escondió a decenas de judíos ciegos y sordos durante la II Guerra Mundial, para evitar su extradición a los campos de concentración y una segura muerte.
7.Museo Wannsee.Este lugar es, realmente, el vientre donde se incubó el Holocausto. Aquí, en esta casa señorial y palaciega, los jerarcas nazis planificaron y «diseñaron» la llamada «solución final». Durante la famoso reunión, conocida como la «Conferencia de Wannsee»,  15 altos cargos de las SS, del NSDAP (Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores) y varios ministerios tomaron las decisiones pertinentes sobre los planes definitivos que posibilitaron el Holocausto. El asesinato de millones de judíos quedó definitivamente sellado en ese lugar. Ese día se habló de las medidas que llevaban tomando desde 1941, además de los métodos de asesinato que se practicaban.En las actas redactadas durante la reunión, que fueron halladas en 1947, se documenta con todo tipo de detalles el plan para llevar a cabo el asesinato masivo de los judíos, gracias a la participación de la Administración del Estado Alemán. Actualmente, en este lugar, que tiene algo de siniestro quizá si uno piensa en lo que aconteció allí, se puede ver una exposición de carácter educativo y didáctico en que se informa a los visitantes sobre los antecedentes de la persecución nacionalsocialista a los judíos, la privación de sus derechos, la reclusión en guetos y campos de concentración y, finalmente, del asesinato de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial.8.Centro Ana Frank. Es una suerte de pequeño museo que nos cuenta la historia de la niña Ana Frank, famosa por el diario que escribió durante su cautiverio en Amsterdam y que es un libro fundamental en la historia universal. La familia Frank procedía de Alemania y el padre de Ana, Otto, fue el único que sobrevivió de toda la familia durante el Holocausto, quizá porque en algún momento fue conocido por sus verdugos que había servido como soldado durante la Primera Guerra Mundial en las filas del ejército alemán y ello le salvó de una segura muerte. 

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