LA TOPOGRAFIA DEL TERROR DEL HOLOCAUSTO EN BUDAPEST

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LA TOPOGRAFIA DEL TERROR DEL HOLOCAUSTO EN BUDAPEST

Por Ricardo Angoso

El Holocausto en su fase final en la capital húngara, Budapest, entre octubre de 1944 y febrero de 1945, en que la ciudad fue liberada por el Ejército Rojo, discurrió en un espacio relativamente pequeño. Cuesta imaginar si ahora uno visita Budapest cómo en que una zona tan pequeña, entre el lugar dispuesto para el gueto de la ciudad por las nuevas autoridades fascistas aliadas de los nazis que ya habían ocupado Hungría y las calles aledañas al barrio judío en torno a la Sinagoga de calle Dohány, pudieron ser exterminadas miles de personas, principalmente entre judíos, romaníes y disidentes húngaros ante la atenta mirada de la población de la ciudad.

Aunque hubo otros lugares donde se ejecutaron los planes encaminados hacia la “solución final”, como los alrededores del parlamento húngaro a orillas del Danubio, donde se perpetraron centenares (¿o miles?) de ejecuciones u otros en la otra orilla de la ciudad, en Buda, fue en los alrededores de Dohány donde fueron hacinados miles de judíos para su exterminio, envío a los campos de la muerte, asesinados en hospitales, orfanatos, asilos de ancianos, casas protegidas por instituciones internacionales y la Cruz Roja y otro número indeterminado que murió a causa de las duras condiciones de vida, como enfermedades contagiosas, el suicidio y el hambre.

La situación para la angustiada población judía cambió súbitamente el 15 de octubre de 1944, cuando los nazis dieron un golpe de Estado en la capital húngara para aupar al poder a sus aliados fascistas de la Cruz Flechada de Ferenc Szálasi, y esa fecha fue el punto de inflexión en que realmente la maquinaría criminal del nazismo se activó a pleno rendimiento para cumplir sus planes genocidas y lo hizo con una precisión certera.

Unos 70.000 judíos fueron amontonados –no cabe otra palabra- en el gueto de Budapest, el 19 de octubre de ese mismo año, y otros 50.000 hombres judíos de Budapest, entre los 15 y los 60 años, fueron seleccionados para ser enviados a los campos de la muerte por el tristemente conocido teniente coronel Adolf Eichmann, quien siguiendo órdenes de Himmler seguía trabajando a un ritmo vertiginoso por acabar con la vida judía antes del final de la guerra.

El nuevo gueto abierto por los colaboradores de los nazis ocupaba unos 0,3 km² (aprox. 30 hectáreas) y estaba situado en el centro de Budapest, en el barrio judío histórico del distrito VII (Erzsébetváros). Sus límites estaban marcados por calles como Dohány utca, Király utca y Kertész utca. La operación de desalojo de los barrios judíos y su traslado forzoso a esta zona se hizo en un periodo muy rápido y siendo forzada la población, a golpes, culatazos y tiros, a abandonar sus propiedades, negocios y pertenencias. Las joyas, moneda local y extranjera y obras de arte fueron, en su gran mayoría, saqueadas por los milicianos de la Cruz Flechada

Recluidos en unas estrechas calle del centro histórico de Budapest, centenares de judíos morirían víctimas de las epidemias, el hambre y la brutalidad de los grupos fascistas húngaros. En la sinagoga de Dohány, al comienzo del gueto donde se hacinaban miles de seres humanos, encontraron “refugio” en sus jardines unos 3.000 judíos  y allí morirían el poeta Miklós Radnóti y el historiador Antal Serv junto con miles de víctimas sin nombre, hoy enterrados en el patio de la sinagoga un anonimato tan profundo como una sima. 

Resulta increíble que con apenas 4.000 hombres armados, la Cruz Flechada, el partido de Szálasi aupado al poder por los nazis para ejecutar la “solución final” en toda Hungría, incluyendo Budapest, sembró durante apenas cuatro meses y medio, hasta de febrero de 1945, en que los soviéticos liberan toda la ciudad, el terror, la barbarie y una crueldad extrema casi sin parangón en la Europa ocupada por los alemanes. El objetivo de la misión estaba claro: acabar con la vida de los más de 250.000 judíos que vivían en la capital húngara. 

LOS JUDÍOS DE BUDAPEST, ENTRE LOS BOMBARDEOS SOVIÉTICOS Y LA REPRESIÓN MÁS CRUEL JAMAS VISTA EN LA HISTORIA DE HUNGRÍA

Al tiempo que cada día se dictaban nuevas medidas contra los judíos por parte de las nuevas autoridades, la represión se agudizaba y se perpetraban numerosos crímenes y eran atacados en todos los lugares sin miramientos, la presión soviética, bien sea mediante ataques aéreos o artilleros, se hizo cada vez más constante y presente sin tregua ni descanso durante casi todo el día, sin que eso mermara la brutalidad de los fascistas húngaros. Paradójicamente, cuanto más insostenible se hacía la situación en el frente, con los rusos ya operando en los extrarradios de Budapest, más intensificaba el martirio a los judíos, como si el objetivo central de la guerra no fuera la supervivencia de la nación húngara, sino el exterminio de los judíos, en una suerte de misión mística rayana a medio camino entre el fanatismo criminal y una obsesión monomaniaca y compulsiva. 

Mención aparte, aunque ya fueros mencionadas de pasada al principio de esta nota, fueron las ejecuciones extrajudiciales de mujeres, hombres, niños, ancianos y discapacitados de origen judío a orillas del Danubio, muchas veces atadas de tres en tres para que se ahogarán sin remisión y así ahorrar balas. Se disparaba a una de las víctimas y se arrojaba a las otras dos con el herido para que perecieran los tres ahogados. Otras indiscriminadas y masivas se llevaban sin tantos preparativos, previo robo de todos sus bienes, y arrojados sin vida, e incluso heridos, a las frías aguas del río. 

Los fascistas húngaros no respetaban ni hospitales, ni orfanatos, ni hogares de ancianos, ni casas protegidas por varias embajadas, ni sinagogas, ni propiedades privadas, sino que para ellos cualquier lugar era un objetivo para llevar a cabo sus abominables matanzas, que no distinguían ni edad, ni sexo, ni condición. Cualquier judío, o gitano, que caía en sus manos era asesinado de la forma más cruel posible e incluso con armas especialmente crueles, como cuchillos carniceros, hachas, porras de plástico o madera e incluso aperos agrícolas. 

En total, en un pequeño recinto urbano situado entre la estrecha calle Dohány y las calles Kiraly, Karoly, Racocki y Ersébet Korut, a modo de pequeño y imperfecto rectángulo acotado por el cierre de la mayoría de las calles con obstáculos físicos y puestos de control de los fascistas, se perpetraron y ejecutaron la mayor parte de los crímenes perpetrados durante el Holocausto en la capital húngaro. Las mismas, por lo general salvo excepciones, fueron perpetradas a plena luz del día y ante la mirada de los miles de viandantes húngaros que pasaban por allí e incluso vivían en el interior del gueto, que no estaba poblado al cien por cien por judíos. 

El escritor y periodista Adam Lebor define así este siniestro lugar:”El gueto, que abarcaba apenas medio kilómetro cuadrado, se había establecido a finales de noviembre. Era un denso laberinto de calles estrechas flanqueadas por apartamentos decimonónicos. La zona estaba cercada por una alta valla de madera con cuatro puertas, una de ellas junto a la Gran Sinagoga, al final de la calle Wesselényi, muy cerca del Hotel Astoria”. En enero de 1945 vivían en el gueto de Budapest unas 70.000 personas, con una densidad media de 14 personas por habitación, pero, al menos, esos momentos, ya se habían detenido las deportaciones debido a que las comunicaciones férreas con el exterior eran ya impracticables. Los soviéticos estaban a punto de tomar la ciudad, aunque eso no detuvo las matanzas indiscriminadas, y muy pronto los fascistas huyeron como ratas hacia Austria o Alemania. El 18 de enero de 1945, cuando todavía estaban calientes las cenizas de los combates entre los rusos y los húngaros, el gueto fue liberado por las tropas soviéticas, que encontraron con vida, milagrosamente, a unos 70.000 judíos, la casi totalidad de los que había un mes antes.  

 

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