IRÁN, EL FRACASO DE OTRA PRIMAVERA ENSANGRENTADA

En este momento estás viendo IRÁN, EL FRACASO DE OTRA PRIMAVERA ENSANGRENTADA

IRAN, OTRA PRIMAVERA ENSANGRENTADA E ¿INÚTIL?

Por Ricardo Angoso

Al igual que ocurriera con otras protestas acontecidas en Irán durante el largo régimen de los ayatolás, la última gran revuelta contra el régimen ha terminado en un gran baño de sangre, con al menos unos 5.000 muertos -según France 24-, unos 9.000 desaparecidos y otros miles de detenidos en una cifra difícil de determinar porque no hay datos oficiales acerca de la represión y los de la oposición, dados sus exiguos medios y que se mueven en el mundo del terror, no son fiables. Las protestas iraníes de finales de 2025 y principios de 2026 comenzaron el 28 de diciembre de 2025 en Teherán, impulsadas inicialmente por comerciantes del Gran Bazar contra la crisis económica, la inflación y el colapso del rial, extendiéndose rápidamente a nivel nacional con consignas políticas que pedían la caída del régimen.

En general, ha operado la misma dinámica que en anteriores grandes disturbios contra el Ejecutivo iraní, desde las manifestaciones estudiantiles pacíficas de 1999 hasta las de 2022 tras el asesinato de una mujer kurda indefensa a manos de los guardias revolucionarios por no llevar el velo, pasando por el “movimiento verde” de 2009 y la provocada por el aumento de la gasolina en 2019, y la misma consiste en la represión brutal, despiadada, sangrienta y con medios desproporcionados contra manifestantes desarmados con el fin de causar el mayor número de víctimas, detenidos, torturados salvajemente y asesinados sin miramientos. El régimen iraní nació por la fuerza, utilizando la fuerza sin contemplaciones contra sus enemigos, e incluso compañeros de viaje de la revolución, como los comunistas y los socialistas, y solamente entiende ese lenguaje. El diálogo, la aceptación de la disidencia como forma de expresión diferente al discurso oficial, el respeto al diferente y  a la pluralidad social y política, dentro de unos canales de expresión pacífica, no forman parte de su ADN.

Irán nuevamente se enfrentó a estas protestas masivas, que se se extendieron rápidamente desde Teherán hasta otras ciudades del país de una forma radial, con atisbos de esperanza, con miles de hombres y mujeres cargados de fe en la posibilidad de un cambio y protestando legítimamente por una situación económica absolutamente desesperada, caótica y sin perspectivas de una evolución positiva en el corto y medio plazo. La moneda iraní, el rial, ha perdido el 40% de su valor en menos de un año, la inflación es galopante -habiendo superado el 48% el último trimestre del año pasado-, el desempleo entre los jóvenes de menos de cuarenta años supera el 40% y la economía, tras más de quince de sanciones al régimen persa, está absolutamente estancada, aislada internacionalmente y no muestra señales de revitalización para los próximos años. Los comerciantes, como ocurrió cuando la caída del sah de Persia en la revolución de 1979, han sido también el detonante y la chispa del mayor movimiento de masas desde esa fecha contra el régimen teocrático iraní.

EL FRACASO DEL NUEVO MOVIMIENTO CONTRA EL RÉGIMEN

Sin embargo, al igual que en movimientos anteriores de revuelta contra la dictadura omnímoda, esta gran revuelta, quizá la más masiva en estos veintisiete años de dictadura, han vuelto acabar ahogadas en sangre y en una primavera tan esperanzadora como inútil, desgraciadamente. ¿Qué es lo que ha fallado esta vez? En primer lugar, la ausencia de liderazgo claro en la misma en el interior del país, ya que era una algarada descontrolada, sin objetivos claros más allá de derribar al régimen y sin unos líderes conocidos capaces de convertirse en el recambio al decrépito y envejecido búnker de los ayatolás. El hijo del depuesto sah de Persia, Reza Pahlavi, es una alternativa poco conocida en su país de origen -abandonó Irán con sus padres en 1979 tras ser expulsado por la revolución islámica-, ha residido siempre en el exterior, principalmente en los Estados Unidos, no tiene contactos con la disidencia interior iraní y, para colmo de males, cuenta entre sus principales apoyos exteriores con la ayuda de los Estados Unidos -Trump lo ha apoyado públicamente- e Israel, dos países que no cuentan con un gran predicamento en Irán, un país muy nacionalista y cuya población ha sufrido un intenso lavado de cerebro en estos años a cuenta de un régimen que hizo de estos dos países sus dos grandes bestias negras. Oficialmente, para Teherán, Estados Unidos es el “gran satán”.

En segundo lugar, y no menos importante, el apoyo internacional, más allá de las andanas retóricas de los líderes occidentales contra la teocracia iraní, han sido más bien escasas y no se han materializado, como ocurrió, por ejemplo con las revueltas en Europa del Este contra los comunistas, en acciones coordinadas, directas, eficaces y contundentes contra el régimen. Los iraníes, y no sin razón, piensan que han sido abandonados por el mundo y miles de jóvenes han preferido la huida hacia Irán y otros países fronterizos a esperar una ayuda externa que nunca llega. Incluso los Estados Unidos, que habían amenazado con atacar al máximo líder religioso si continuaba con la represión de las protestas, Ali Jamenei, no cumplieron con su palabra y el presidente norteamericano, Trump, evitó involucrase con una acción exterior, como ya había hecho el 28 de junio de 2025, contra Irán, lo que hubiera servido seguramente como acicate para estimular por más tiempo las protestas y haber dado algo de fuerza a las mismas.

En tercer y último lugar, Irán no es Venezuela, a la que con una simple abducción de su máximo líder, como ocurrió con Nicolás Maduro, se puede propiciar un posible cambio político en el corto y medio plaza. Irán es una potencia regional, cuenta con un cuerpo represivo potente, sólido y que controla el país con mano de hierro y una estructura exterior de inteligencia capaz de golpear en casi todo Oriente Medio. La Guardia Revolucionaria de Irán (CGRI) tiene aproximadamente entre 125,000 y 190,000 miembros activos, incluyendo sus fuerzas terrestres, aéreas y navales, pero esta cifra se expande enormemente si se suman los cientos de miles de paramilitares de la milicia Basij, que opera bajo su control, alcanzando un total muy superior, con fuentes recientes mencionando hasta 150,000 soldados más 20,000 en fuerzas marítimas/aéreas y más de 600,000 Basij. Este cuerpo, me atrevería a decir, es la columna vertebral del régimen y la que ha desbaratado, asesinando y deteniendo a miles de manifestantes, las protestas pacíficas. ¿Qué podían hacer miles de manifestantes sin armas ni experiencia militar frente a esta fuerza armada hasta los dientes y entrenada para matar  en una batalla desproporcionada? La primavera iraní, que tantas esperanzas desató en nuestros medios durante unas semanas vibrantes y emocionantes, con millones de iraníes en las calles, terminó, desgraciadamente, en aguas de borrajas.

Deja una respuesta