TERREMOTO EN SAJONIA: UNA EXPLICACION AL AVANCE DE LA EXTREMA EN EUROPA
Por Ricardo Angoso
Los partidos tradicionales de Alemania, la democratacristiana y gobernante CDU y los socialdemócratas del SPD, están conmocionados. Llevan años apelando al inútil “cordón sanitario” para para parar a la ahora victoriosa y exultante Alternativa para Alemania (AfD), -una fuerza teóricamente de extrema derecha-, y construyendo pactos contra natura para frenar a la misma. De nada les ha servido, su estrategia para frenar a los “fascistas”, como los llaman despectivamente, ha fracasado y les ha llevado a un casi irreversible atolladero. Cuanto más intentan pararles, paradójicamente más crecen.
El asunto reside en que su discurso ya no concita el apoyo de los ciudadanos ni los moviliza electoralmente, porque, simplemente, los problemas que preocupan a la gente están muy lejos de sus propuestas políticas. Existe desde hace años un estado de malestar en casi toda Europa que tiene que ver con el alarmante aumento de la inmigración, que los ciudadanos, por mucho que sus políticos nieguen tal argumento, asocian a la inseguridad, al descontrol en las fronteras -tal como se ha visto en la crisis de Ceuta-, y con una sensación de que realmente las elites no les escuchan, no les entienden.
En definitiva, la falta de respuestas de los partidos tradicionales a los nuevos conflictos sociales abre espacio para que las nuevas fuerzas populistas, tanto a la izquierda como a la derecha, sigan creciendo. Los ciudadanos ya no se sienten representados por esas fuerzas políticas porque no responden a sus expectativas y problemas. Además, entre los jóvenes, con problemas acuciantes como la falta de vivienda, el trabajo precario y mal pagado y la falta de expectativas sociales y económicas, existe la creencia de que la vieja política ya no les representa ni habla siquiera su lengua, están en mundo que no es el suyo.
No estamos ante un trance coyuntural del sistema, sino que estamos ante una crisis de representación de las democracias occidentales en que la extrema derecha es, en buena medida, el vehículo político. Estamos en medio de una crisis sistémica que hay que verla como una alteración profunda y generalizada que afecta al conjunto de un sistema y no solo a una de sus partes. Esa crisis, ademas, ha tenido un efecto contagio en casi todos los países de Europa, porque los síntomas de la misma eran casi idénticos aunque con sus matices nacionales, y las fuerzas de extrema derecha se abren paso casi sin competencia, liderando las encuestas en Austria, Polonia, Francia, Bulgaria, Alemania y otros países.
Hablando en términos coloquiales, el sorpasso de AfD a la derecha clásica de CDU tiene mucho que ver con esa desafección entre el electorado alemán y una clase política que sigue anclada en vieja política, mientras la derecha radical habla un lenguaje nuevo que ha conseguido convertir inmigración, identidad nacional, seguridad y soberanía en un paquete electoral extraordinariamente eficaz.
Por otra parte, y no como un factor menor, la extrema derecha avanza de forma considerable entre los más jóvenes, cada vez más decepcionados con el sistema. Por ejemplo, AfD consolidó su favoritismo entre los jóvenes de Alemania al obtener en Sajonia el 52% entre los hombres y el 32% entre las mujeres menores de 25 años, gracias a su exitosa campaña contra la inmigración masiva. Algo parecido ocurre en España, donde el último barómetro de 40dB publicado en estos días señala que Vox es el partido con mayor intención directa de voto entre los menores de 35 años. Si los partidos tradicionales no rectifican y cambian sus discursos, adoptando nuevas políticas que hagan frente a los problemas reales de la gente, es más que seguro que la marea ultra seguirá creciendo irremediablemente. Las redes sociales también tienen mucho que ver con ese viento favorable al voto, pero dejamos ese asunto para otra nota.
