BELMONTE, UNA “RESERVA” JUDÍA EN EL PORTUGAL PROFUNDO
Por Ricardo Angoso
Hay gente que tiene dones providenciales para ver mundos ocultos en aquellos lugares donde otros solo perciben con naturalidad la cotidianidad y la normalidad sin ni siquiera intuir lo que realmente hay detrás de esa aparente forma de vida ceñida a las modos clásicos. Una de esas personas con dones providenciales fue el ingeniero metalúrgico judeopolaco Samuel Schwarz (Zgierz, 19880-Lisboa, 1953).
La ciudad de Belmonte es reconocida como un hito importante en la historia de los judíos que vivieron en la Península Ibérica. Este reconocimiento se debe a este ingeniero metalúrgico ya citado, Schwarz, quien en 1917 se fue a trabajar a Belmonte y, dotado de un fino olfato, vio que en aquel lugar había gato encerrado, como se dice vulgarmente, y descubrió, tras incesantes y curiosas investigaciones, que en aquella región existía una comunidad secreta, que aún conservaba ciertas costumbres judías, tales como encender las velas en la cena de la familia de los días viernes, y ayunar una vez al año.
Durante su estancia en Belmonte, Schwarz también conoció a Baltasar Pereira de Sousa, supuestamente cuando alguien le advirtió que no hiciera negocios con Sousa porque, «Basta con que te diga que es judío». Intrigado, Schwarz visitó a Sousa, quien admitió que su familia y vecinos habían practicado el judaísmo en secreto durante generaciones. Sousa presentó a Schwarz a la comunidad marrana de Belmonte. Aunque los judíos de Belmonte se mostraron inicialmente escépticos ante Schwarz debido a su hermetismo, finalmente se ganó su confianza cuando recitó la oración Shena Israel y mostró sus conocimientos sobre el judaísmo.
En los años siguientes, Schwarz entabló amistad con la comunidad judía de Belmonte y la estudió, documentando sus singulares costumbres sociales y religiosas y transcribiendo sus oraciones y manuscritos familiares. En 1923, abandonando su anterior oficio de ingeniero que le había llevado a viajar por media Europa, comenzó su segunda carrera como arqueólogo, etnógrafo e historiador en serio con la publicación de su obra “Inscrições hebraicas em Portugal” (“Inscripciones hebreas en Portugal”) en la revista portuguesa Arqueología e Historia.
La investigación de Schwarz en Belmonte y sus alrededores dio lugar a su libro de 1925, Os cristãos novos em Portugal no século XX ( Los nuevos cristianos en Portugal en el siglo XX ), probablemente la primera obra escrita sobre la comunidad marrana del norte de Portugal, que la dio a conocer mundialmente y que desde 1925 se ha reeditado póstumamente en portugués, hebreo y francés.
Sobre Belmonte, el estudioso Mario A.Dajisin escribiría;”Enclavada en la Serra da Estrela, la mayor cadena montañosa del país, la villa de Belmonte se perfila a 2000 metros de altura como una auténtica memoria humana viva del riquísimo y antiguo Portugal judio. El origen remoto de Belmonte está documentado por lo menos desde 1297 y subsiste aún hoy con unidad, sinagoga, rabino, cementerio propio y una dirección comunitaria. Su importancia se debe más a la peculiaridad de una resistencia a lo largo de los siglos que a su peso demográfico a través de su historia”.
DE ORÍGENES DEL BELMONTE JUDÍO A LA COMUNIDAD DE HOY
Tras el decreto de expulsión, numerosos judíos de Castilla se asentaron en tierras rayanas de Portugal en la vana esperanza de que la decisión fuera reversible. Sin embargo, con el matrimonio real en 1496 entre Don Manuel I y la infanta Isabel, hija de los Reyes Católicos, un nuevo decreto obligó a muchos de ellos a abandonar para siempre la Península. También se perdió toda esperanza de poder regresar a España.
Nuevamente, las escuelas talmúdicas y las sinagogas fueron cerradas, los cementerios olvidados cuando no profanados y aquellos que decidieron quedarse fueron obligados a la conversión bajo la amenaza de la expulsión. Durante varios siglos, cualquier descendiente de judío podía ser acusado de herejía tras una simple denuncia, por usar ropa limpia los viernes o por encender una lámpara hasta que esta se apagaba por sí misma. A pesar de ello, muchos de estos cristianos nuevos siguieron practicando su religión en secreto, desafiando la persecución del Santo Oficio. Los llamaban, con desprecio, marranos.
Así, en este contexto, los marranos de Belmonte confirmaron su devoción judía y mantuvieron durante siglos encendida la llama de sus orígenes judaicos. Como escribiría el periodista Pablo Revilla, “tras los decretos de expulsión, adoptaron una vida cristiana de cara al exterior mientras mantenían sus costumbres en secreto. Los niños eran bautizados, se celebraban matrimonios en la iglesia para externalizar la práctica de la religión católica y en el cementerio eran enterrados bajo el símbolo de la cruz para evitar las profanaciones, pero en la intimidad del hogar se custodiaba la tradición judaica. Se oraba. Muchas costumbres se fueron perdiendo con el paso del tiempo, pero mantuvieron algunas festividades como la Pascua, el Yom Kipur y el sabbat. Aunque todas ellas se habían alejado mucho de la estricta observancia judía, se conservaba la esencia de las mismas”.
Durante siglos pervivieron estas costumbres, tradiciones y ritos que pasaban generación tras generación, de padres a hijos y de los hijos a los nietos y así sucesivamente, hasta que el ingeniero Samuel Schwarz descubrió el mundo oculto que permanecía indescifrable para los neófitos. La comunidad judía de Belmonte (Portugal) es un caso único en la península ibérica de criptojudaísmo secreto durante más de 450 años. Sobre la antigua judería, hay que señalar que la misma recorría las casas de las calles Direita y Fonte da Rosa, por donde podrás ver todavía en los umbrales de las pequeñas casas de granito marcas en la piedra, testimonio de la historia de estos judíos obligados a vivir en secreto.
Hoy en día Belmonte cuenta con pocas decenas de miembros judíos residentes, un rabino, la sinagoga Bet Eliahu, construida sobre un promontorio en un extremo de la villa que va a dar al valle, -diseñada por el arquitecto Neves Dias y sacralizada en 1996-, y el Museo Judío de Belmonte que mantiene viva su memoria histórica. La sinagoga local y el mikve siguen activos para festivos y los servicios de shabat de los viernes. También en el año 2011 fue inaugurado un cementerio que permanece en activo y es propiedad de la comunidad. En total, según datos de la comunidad, en la actualidad hay unos 45 judíos practicantes en Belmonte y un rabino que asiste regularmente a la comunidad.
VÍDEO DE BELMONTE: https://www.youtube.com/watch?v=TfhizLNU0wM
