NOTICIA DEL HOLOCAUSTO GITANO EN BUDAPEST

En este momento estás viendo NOTICIA DEL HOLOCAUSTO GITANO EN BUDAPEST

NOTICIA DEL HOLOCAUSTO GITANO EN HUNGRÍA

Por Ricardo Angoso

La capital de Hungría, Budapest, ha hecho notables esfuerzos en los últimos años para preservar la memoria, el recuerdo y la estela de las miles de víctimas del Holocausto en este país, pero creo que se ha puesto un especial énfasis en el genocidio de los judíos pasando por alto a otros grupos exterminados por los nazis, como los romaníes o los homosexuales. El Porrajmos, que es como se llama al Holocausto gitano, no ha sido lo suficientemente recordado por las autoridades húngaras y sigue siendo un capítulo siniestro bastante desconocido en la opinión pública de esta nación.

Hungría, como casi toda la Europa Central y del Este anterior a la Segunda Guerra Mundial, era un paìs tradicionalmente antigitano, donde predominaban los viejos prejuicios raciales, un nacionalismo excluyente muy lacerante hacia las minorías étnicas y unas políticas de Estado de carácter racista con una gran influencia de los regímenes fascistas imperantes en ese momento en el continente, como la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler.

En los años treinta del siglo pasado, bajo el mandato del regente Miklós Horthy, la actitud de los húngaros hacia los gitanos era ambivalente. Si bien toda la música gitana era tolerada, sonaba en la mayoría de los restaurantes, bares y fiestas públicas, incluyendo bodas, bautizos y ceremonias de todo tipo, la vida gitana no discurría pareja a esa tolerancia cultural. Los que tocaban esos instrumentos, juntos otros gitanos en otras profesiones, estaban estigmatizados, marginados y discriminados, sobre todo los que llevaban un tipo de vida nómada.

Como señala el escritor y periodista Adam Lebor, “La discriminación contra los romaníes tenía raíces profundas en el Imperio Austro-Húngaro. Muchos seguían recorriendo el país en familias, como tratantes de caballos, artesanos o músicos. Durante la Primera Guerra Mundial se aprobó un decreto que obligaba a los romaníes itinerantes a establecerse en un lugar fijo y les prohibía salir. Se les confiscaron las pertenencias y quienes desobedecían podían ser internados en campos de trabajo”.

También muchos gitanos antes de la Segunda Guerra Mundial vivían en la extrema pobreza. Las ciudades y los pueblos tenían sus propios “barrios gitanos”, donde reinaba un apartheid de facto. Los ayuntamientos de las ciudades o pueblos en cuestión ignoraban estos barrios y, por tanto, solían carecer agua corriente, electricidad y calefacción. Las familias de estos barrios vivían en condiciones infrahumanas en chabolas de barro y madera, o incluso en tiendas de campaña y cocinaban al aire libre, fuera, en la calle, al fuego. El porcentaje de niños gitanos escolarízalos era nulo y la mayoría caminaban descalzos dedicados a la mendicidad. En Budapest, la situación era algo mejor si se comparaba con las áreas rurales, ya que al menos vivían en edificios mejor acondicionados pero con muchas carencias en todos los sentidos de la vida.

Así sigue el relato de Lebor sobre la vida de los gitanos en este periodo de la historia: “En 1929, el Ministerio del Interior promulgó un decreto que autorizaba redadas semanales en asentamientos gitanos. En la práctica significaba carta blanca para que los gendarmes apalearan a quien le diera la gana. Un aluvión de leyes y decretos arbitrarios permitió autoridades locales expulsar a romaníes de sus tierras, les prohibió comparecer como testigos en ciertos procesos, poseer caballos o edificar en las plazas de los pueblos, entre otras restricciones”.

Además, a diferencia de las comunidades judías, los romaníes carecían de organizaciones comunitarias, líderes políticos o conexiones con la elite gobernante. Débiles, indefensos y sin apenas protectores en la escena húngara de entonces, los romaníes se convirtieron en presa fácil de los gendarmes y sufrieron todo tipo de arbitrariedades e injusticias. Con el tiempo, el Gobierno húngaro prohibió las profesiones itinerantes y, a partir de entonces, el permiso de trabajo solo era válido en el lugar de residencia.

DE LOS TIEMPOS DUROS A LOS CAMPOS DE LA MUERTE

En ese contexto, un poderoso político húngaro  de extrema derecha llamado Laszlo Endre tenía en el punto de mira tanto a los romaníes como a los judíos de Hungría. En 1944, tras la completa invasión nazi de todo el país, se convertiría en una de las fuerzas impulsoras del Holocausto en todo el país. Una década antes ya había exigido que los gitanos fueron encerrados en campos y los varones se someterían obligatoriamente a la esterilización. En 1938, en pleno delirio ultranacionalista en Hungría, se aprobó la primera ley antjudía del país para, a renglón seguido dictarse un decreto por el cual, a partir de entonces, toda persona romaní debía considerarse “sospechosa” en potencia. Igual que estaba haciendo con los judíos, el Estado húngaro preparaba el terreno para separar a los romaníes.

Tras la invasión nazi de la capital junto con todo el país, el 22 de junio de 1941, la situación cambió súbitamente, tanto para los judíos como para los gitanos locales. Muchos gitanos, después de esa fecha, fueron enviados a Auschwitz, donde compartirán la fatal suerte de otros procedentes de los países ocupados por los nazis. Los romaníes, por lo general, se negaban a separarse de sus familias y a obedecer las órdenes de los SS a menos que se les permitieran permanecer juntos. Unas 23.000 personas de origen gitano, de varios países, fueron internadas en una zona separada de Auschwitz conocida como el campo gitano o de familias.

Como señala de nuevo el escritor Lebor, “Muchos murieron de enfermedades, trabajos extenuantes, malos tratos y hambre. Otros fueron gaseados. Los niños perecieron víctimas de horribles experimentos médicos realizados por el doctor Josef Mengele, y otros médicos de las SS. Mengele, fascinado por los gemelos y los romaníes, llego a coser a dos gemelos gitanos entre sí para conectarles los vasos sanguíneos. Tardaron tres días en morir”.

A mediados de mayo de 1944, los SS intentaron concentrar a los internos del campo de familias y enviarlos a las cámaras de gas para hacer sitio a las nuevas remesas procedentes de Hungría. En uno los episodios menos conocido pero más valientes del Holocausto, los romaníes se defendieron con fiereza. Armados con cuchillos, piedras, palos, con todo lo que encontraron a mano, se lanzaron contra los SS a puñetazos, patadas y golpes. Los SS retrocedieron porque su prioridad en el exterminio seguían siendo los judíos y los gitanos podían esperar. En agosto de ese año, el campo gitano fue disuelto por la fuerza y separaron a las familias, enviando a muchos de sus miembros a Alemania y otros países. Solamente quedaron en el campo 3.000 hombres, mujeres y niños, a la espera de ser enviados a las cámaras de gas. Su suerte estaba echada.

MATANZA DE GITANOS EN AUSCWITZ

El 2 de agosto de 1944, finalmente y cumpliendo sus criminales planes, entre 3.000 y 4.000 gitanos, la mayoría procedentes de Hungría pero seguramente también había de otros países, fueron enviados a las cámaras de gas y ese día terminó de una forma trágica el campo gitano de Auschwitz.  Mientras tanto, en la capital húngara, en el suburbio de Kispest, doscientos romaníes fueron detenidos y confiadnos en una tétrica fábrica de ladrillos unas dos semanas en unas condiciones espantosas, casi sin agua ni comida. Cuando pedían agua a sus gendarmes, estos respondían: “Gitanos apestosos, aquí vais a morir”. Muchos de estos gitanos serían asesinados antes de que los soviéticos liberaran la ciudad, en febrero de 1945, pero algunos sobrevivieron y fueron el testimonio histórico de uno de los episodios más terribles del Holocausto húngaro.

Casi son semanas después de esta masacre, el 13 de agosto de 1944, el decreto número 15.740/1944 del Ministerio del Interior húngaro ordenó la formación de «batallones de trabajo gitanos». Estos batallones, no combatientes y desarmados, del ejército húngaro, reclutaban a romaníes —al igual que a judíos— por considerarlos miembros «racialmente inferiores» de la nación húngara. El decreto preveía el reclutamiento de hasta sesenta batallones, con un total de entre 10.000 y 12.000 hombres de entre dieciocho y veinticinco años. Eran principalmente romaníes considerados no sedentarios o desempleados quienes eran reclutados a la fuerza por unidades policiales en todo el país mediante redadas.

Ya casi a punto de ser liberada Hungría por los soviéticos, el 2 de febrero de 1945, el jefe de Gobierno fascista, Szálasi, decretó la deportación masiva de todos los gitanos húngaros. Se documentaron masacres locales en diversos lugares, como Lajoskomáron, Doboz, Várpalota y Lengyel. Miles de romaníes del oeste de Hungría —hombres y mujeres, a veces incluso con sus hijos— fueron deportados al campo de Csillageröd, situado en un complejo militar a orillas del Danubio en Komárom. Desde allí, muchos fueron deportados a Dachau y, a principios de 1945, a otros campos de concentración. Existían campos gitanos más pequeños en otras ciudades y pueblos del oeste de Hungría, desde donde los reclusos eran deportados a otros campos o utilizados como mano de obra forzada para proyectos de defensa alemanes, como el Muro Oriental.

El balance final de víctimas gitanas durante el Holocausto se cifra entre 200.000 como mínimo y medio millón como máximo, aunque esta cifra parece algo dudosa si tenemos en cuenta que apenas en el área ocupada por los nazis en Europa vivían unos 700.000 gitanos. En lo que respecta a Hungría, se calcula que murieron entre 5.000 y 10.000 romaníes (gitanos) húngaros y varios miles más fueron víctimas, tanto en los batallones de trabajo forzado como en las deportaciones o traslados hacia otros países sin su consentimiento. En definitiva, Hungría no fue una excepción en el  Porrajmos o Samudaripen (Holocausto) desplegado por los nazis para acabar con todos los gitanos del continente europeo.

Fuentes consultadas:

Archivo Roma:

https://www.romarchive.eu/en/voices-of-the-victims/hungary/

Lebor, Adam (2026). Los últimos días de Budapest. Editorial Pinolia.

Deja una respuesta