FRANCO, HITLER Y EL HOLOCAUSTO

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FRANCO, HITLER Y EL HOLOCAUSTO

Pese a las presiones alemanas, Franco se negó a obedecer el ultimátum de la Alemania nazi, en el sentido de que deportara a los judíos de nuestro país, evitando el Holocausto español en enero de 1943.

Por Ricardo Angoso

Mucho antes de que la famosa Conferencia de Wannsee se celebrara en Berlín, en 1942, en la que se trazaron los planes para poner en marcha la “solución final” y se publicaron los primeras listas con las poblaciones judías que había en toda Europa, España ya estaba trabajando en la elaboración de esas listas y, evidentemente, las intenciones finales de los dirigentes nazis era que, llegado el caso, esos 6.000 judíos más o menos que había en España, fueran deportados y corrieran la misma aciaga suerte que los millones exterminados por los nazis en otras partes de Europa.

Finalmente, la formación del Archivo Judaico fue el resultado de una circular de la Dirección General de Seguridad del 5 de mayo de 1941 en la que el filonazi Conde Mayalde, José Finat, el último día en que ostentó ese cargo, ordenaba a los gobernadores civiles que:”…[envíen a la central informes individuales de] los israelitas nacionales y extranjeros afincados en esa provincia (…) indicando su filiación personal y político-social, medios de vida, actividades comerciales, situación actual, grado de peligrosidad y conceptuación policial … Las personas objeto de la medida que le encomiendo han de ser principalmente aquellas de origen español designadas con el nombre de sefardíes, puesto que por su adaptación al ambiente y similitud con nuestro temperamento poseen mayores garantías de ocultar su origen y hasta pasar desapercibidas sin posibilidad alguna de coartar el alcance de fáciles manejos perturbadores”.

Según el estudioso Gonzalo Alvarez Chillida, se formó así el Archivo Judaico, cuyas iniciales AJ figuraban en los expedientes y que están ahora depositados en el Archivo General de la Administración del Estado. De la noche a la mañana, se comenzó a dar forma esta auténtica base de datos y se elaboraron miles de fichas de los judíos que vivían en España.

La persecución de los judíos no se iba a detener a pesar de la caída del Ministro de Exteriores, Serrano Suñer, y su activo colaborador José Finat, sino que continuó después. A pesar del relevo en Exteriores y el nombramiento de Valentín Galarza al frente del mismo, se siguió ordenando y fichando metódicamente a todos los judíos residentes en territorio español. Los ejecutores de los informes fueron fundamentalmente falangistas: más de tres mil repartidos por toda la geografía española elaboraron las fichas de los “sospechosos”.

Como prueba de que la colaboración entre las autoridades alemanes y españolas seguía en pie, “en enero de 1943 el Gobierno alemán presentó un verdadero ultimátum a España y al resto de países neutrales  europeos: o procedían a la repatriación de los judíos de su nacionalidad registrados en territorio ocupado o se harían cargo de ellos según su propia legislación antisemita”, escribiría en El Holocausto y la España de Franco el historiador Enrique Moradiellos. No cabe duda que esta amenaza alemana se refería sobre todo a los judíos que vivían en países ocupados, como Polonia, Grecia, Austria, Yugoslavia y Croacia, o en sus aliados. Este ultimátum, viniendo de dirigentes como Himmler, acostumbrado a que sus órdenes se cumplieran sin rechistar, era extensible a los judíos españoles.

Por suerte, en ese periodo crítico (1943-1944), al frente del ministerio de Asuntos Exteriores se encontraba Francisco Gómez-Jordana, un conocido aliadófilo, a diferencia de Serrano Suñez, que quería mejorar las relaciones con Estados Unidos, el Reino Unido y el Vaticano. En ese contexto, cualquier colaboración con los nazis hubiera sido un gesto inamistoso y ya en esos momentos, muy adversos para los alemanes en varios frentes de batalla, hubiera significado un claro revés para los planes de la dictadura de acercarse a los aliados.

Sin embargo, fue providencial la actuación de Franco en este asunto y sin su intervención, ya que siempre estaba más atento a las cuestiones internacionales de lo que algunos han señalado, seguramente, los judíos españoles podrían haber sufrido una suerte bien distinta a la que los aconteció.

EL MOMENTO CRÍTICO PARA UNA DEPORTACIÓN

Entre 1941 y 1943 fue el momento en que los judíos españoles corrieron más peligro en medio una sociedad absolutamente ideologizada, educada en el antisemitismo y fascistizada por la influencias de los regímenes italiano y alemán durante y después de la Guerra Civil. Cualquier cosa, cualquier movimiento en contra de ellos, incluso una deportación forzada o express no hubiera encontrado ningún recelo ni oposición por parte de la sociedad española.

El país había sido adoctrinado durante varios años, entre 1936 y 1943, en el odio al judío por muchas razones. En primer lugar, las Brigadas Internacionales, que operaron en ayuda del bando republicano en la Guerra Civil entre 1936 y finales de 1938, hubo entre 6.000 y 10.000 voluntarios judíos sobre un total de unos 40.000 como máximo, hecho contribuyendo a la creación de que el elemento “judío” fuera visto como parte de lo que en el bando nacional se denominaba la “Anti- España”. En ese concepto, que englobaba a los judíos, se trataba de presentar a los supuestos enemigos de España como extranjeros, revolucionarios, masones o comunistas.

Pero también a este argumento bien aireado en los medios, desde 1917, en que se produjo la Revolución rusa, en los sectores más reaccionarios de la sociedad española se había construido el relato de que los judíos dirigían la Rusia bolchevique, una verdadera tiranía anticristiana, y que, por tanto, estaba justificado el ataque alemán a la Unión Soviética y las consiguientes y brutales matanzas de miles de judíos por las tropas alemanas. También la adhesión de la tradicionalmente antisemita Iglesia Católica al denominado “alzamiento nacional” constituyó un elemento fundamental para que las ideas antisemitas en ese periodo se enraizaran aún más.

Todos estos elementos explican cómo fue adoctrinada la sociedad española en la judeofobia, al menos hasta el año 1943, y cómo ese momento crítico hubiera sido el propicio para haber deportado sin contemplaciones a los judíos ya fichados en el Archivo Judaico, tal como estaba ocurriendo en otras partes de Europa tristemente. Lo exiguo de una comunidad judía no garantizaba la supervivencia de la misma en ninguna parte de Europa en esos momentos, tal como lo atestiguan las deportaciones de las pequeñas comunidades judías en Eslovenia, Italia y Macedonia durante la ejecución del Holocausto.

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