SALÓNICA, LA CAPITAL JUDÍA DE LOS BALCANES

SALÓNICA, LA CAPITAL JUDÍA DE LOS BALCANES

La mítica Salónica-en griego Thessaloniki- fue tierra de acogida y refugio tras el brutal destierro impuesto a los judíos por los Reyes Católicos allá por el año 1492. Los sefardíes desterrados, humillados en lo más hondo de su ser, llegaban sin nada, con apenas con lo puesto,  y fueron capaces de construir, casi reconstruir, un nuevo mundo, más justo, más tolerante y en donde lo religioso no fuera una frontera sino un sueño donde hacer posible todos los sueños. La tolerante Salónica, abierta, cosmopolita y alegre. También judía, cristiana y musulmana. Durante años, esta bella ciudad griega vivió la dominación otomana y después, como fruto de una historia plagada de sangrientos episodios, pasó a ser la segunda ciudad de una Grecia que echaba andar en la escena europea tras siglos de luchas a garrotazos, guerras, terremotos y todo tipo de infortunios. Salónica hoy es la capital histórica de Macedonia para los griegos, que no reconocen al Estado de tal nombre situado al Norte. Ya en el siglo XX, en plena Segunda Guerra Mundial cuando Hitler dominaba casi toda Europa, la ciudad tendría un protagonismo macabro e inesperado: los nazis ocuparon la ciudad y la comunidad judía fue expulsada hacia los campos de concentración, donde se toparían con todo un rosario de humillación, sufrimiento y muerte. De un solo golpe, como un manotazo homicida, la rica vida judía fue ahogada para siempre. Luego llegó la victoria de los aliados, que en muy poco ayudaría ya a los judíos, la interminable y cruenta guerra civil griega y el despegue de una ciudad anclada entre la tradición griega y mediterránea y un dinamismo en lo comercial que iba por delante de sus posibilidades reales. Antes que los nazis ocuparan todo el espacio balcánico, la ciudad de Salónica fue pasto de los ávidos conquistadores que soñaron con conquistar y dominar a la vieja Grecia. Por el territorio griego pasaron los eslavos, los avaros, los sarracenos, los francos, los venecianos, los macedonios y, cómo no, los nunca deseados vecinos turcos. Pero siempre, a pesar de cada conquista, de cada guerra, de cada batalla, Salónica permanecía en pie, impasible ante las inclemencias políticas e históricas. A toda esta historia plagada de episodios heroicos y conflictos, se refería el periodista John Reed, quien escribiría en 1915: “Aquí boto Alejandro su flota. Salónica ha sido…una ciudad bizantina más pequeña que Constantinopla, y el último eslabón de aquel romántico reino latino, donde los últimos cruzados se aferraban desesperadamente en retener el Oriente que habían ganado y perdido. Sarracenos, francos, griegos, albaneses, romanos, normandos, lombardos, venecianos, fenicios y turcos se sucedieron como gobernantes, y san Pablo abrumó con sus visitas y sus epístolas. Austria casi ganó a Salónica en plena Segunda Guerra de los Balcanes; Serbia y Grecia rompieron la alianza de los Balcanes para retenerla, y Bulgaria se lanzó a una guerra desastrosa para ganarla. Salónica es una ciudad de ninguna nación y de todas las naciones”. Y en Salónica, como ocurre con casi todas las urbes griegas, posee ricos testimonios de todo este pasado plagado de grandezas y miserias. De la época romana nos quedan la Rotonda de Galerio, del año 300 d.C., el Agora romana, el Teatro, el Arco de Galerio –que fue construido para celebrar la victoria contra los persas en el año 297 d.C.-, los baños romanos y el Ninfeo, una elegante y circular edificación en donde se ha construido en una de sus cisternas la bella iglesia de San Ioanis Pródromos, que fue inicialmente unas catacumbas cristianas. De las iglesias de Salónica del período bizantino, hay que reseñar varias: la de Santa Sofía, una iglesia de estilo de transición de la basílica con cúpula a la de planta de cruz griega con cúpula y espléndidos mosaicos en su interior; la paleocristiana de Acheropoiteos, del siglo V d.C., que fue convertida en la época otomana en mezquita, y Osios David o Monasterio Latomu, conocida por su famoso mosaico de la Gloria del Señor o La Visión de Ezequiel, lugares todos ellos de obligado recorrido a esta Salónica plagada de iglesias, conventos y restos antiguos. No olvidemos citar otros nombres, que no por ser más modestos en sus formas escapan a la belleza bizantina: Santo Apostoli –de planta de cruz griega, con rica decoración, mosaicos y frescos de la época de Peleógos-; San Nikolao Orfanós –del siglo XIV, con abundantes frescos y depedientes del Monasterio de Vlatadon-; Profeta Elías –construida en el año 1360 por el monje Makarios sobre las ruinas de un palacio bizantino-; San Ekaterini –muy bien conservada en su exterior y con algunos restos de sus frescos-; el Monasterio Vlatadon; y San Dimitrios –levantada sobre unos baños romanos y adornada con mosaicos para después ser rehabilitada en 1948-. Finalmente, en un itinerario por este pasado bizantino no debe faltar una visita a sus famosas Murallas, plagadas de torretas y restos varios, que fueron construidas durante el reinado de Teodosio el Grande y rodeaban toda la ciudad. Según reza un folleto entregado en la Oficina de Turismo Griego, Salónica “con sus cincuenta y siete iglesias y los cuarenta monasterios y dependencias monasteriales, con los suelos de mosaico de sus iglesias y los ángeles que tocan las trompetas en los cielos, da su propia riqueza”.

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